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Pese a la existencia del vídeo, pese al uso de Photoshop, la fotografía sigue teniendo un valor documental que ninguna otra técnica puede discutirle.  El fin de año se producía un hecho singular y que por ello ha dado la vuelta al mundo y cuenta ya con su propia entrada en Wikipedia . Reynaldo Dagsa, un fotógrafo de bodas y concejal de una localidad filipina tomaba en la calle una fotografía de su familia en el año nuevo cuando, cuando, sin pretenderlo, fotografió al pistolero que le apuntaba y que acabó con su vida, y a su cómplice.

La existencia de la fotografía fue clave para que dos días después los sicarios estuvieran detenidos por la policía. Su cara, congelada en el momento previo a disparar el gatillo, mientras el pistolero apuntaba su revólver hacia la víctima fue un testigo, no mudo sino tremendamente elocuente, que en este caso trabajó a favor de la justicia.

No es la primera vez, no será la última, en la que el valor documental de la imagen fotográfica es utilizado para perseguir tanto a inocentes como a culpables. Casi en el origen de la fotografía,

Durante los sucesos de la Comuna de París (1871) muchos fotógrafos se lanzaron a las calles con sus grandes cámaras (aún se trabajaba con la técnica de colodión húmedo) para captar la realidad revolucionaria, y también devastadora, que de desarrollaba a su alrededor. Una vez que los revolucionarios fueron derrotados, muchos de los protagonistas de la revuelta fueron reprimidos gracias a su aparición en fotografías, era la primera vez en que ésta se usaba como un elemento identificativo e inculpatorio.  En esta ocasión, ha trabajado claramente a favor de la justicia.

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2 respuestas a este post
  1. Asi se pone de manifiesto, una ve más, el valor de la fotografia en si misma. Gracias por el post

    salva

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