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La semana pasada una información reproducida en FotoActualidad nos dejó literalmente sin aliento: “El vaho sobre el objetivo puede ser altamente perjudicial para las lentes”. La web se hacía eco de una información hecha pública por Nikon en la que afirmaba que los ácidos transportados por la respiración podrían afectar a los elementos ópticos de los objetivos, imaginamos, que a sus múltiples capas de recubrimiento ya que el cristal en si, creo, no es alterable.

La llamada de atención está hecha, ahora hay que tomar las medidas para evitar deteriorar nuestro querido y valioso equipo. Limpiar los objetivos adecuadamente requiere muy pocos elementos, todos ellos muy asequibles y además es una tarea sencilla que no implica ningún riesgo, al contrario de lo que ocurre con la delicada limpieza del sensor (aquí se puede ver  cómo limpiar el sensor con seguridad)

Los elementos imprescindible, o al menos los más recomendables para la limpieza de los objetivos son estos:


Papel limpiador de lentes
. Es una delicada lámina de papel translúcido que no produce ningún tipo de pelusa y además por su consistencia no puede rayar o erosionar las lentes. Durante muchos años era Kodak el fabricante de estos papelitos. Hoy que está fuera del negocio, afortunadamente otra firma, Ham, le ha tomado el relevo y lo sigue ofreciendo en el mercado. Su precio es muy reducido. Puede adquirirse aquí.


Kit de limpieza
. Hay muchos en el mercado generalmente incluyen un pequeño soplador con brocha para eliminar partículas superficiales y un paño que no suelta pelusas junto con un líquido especial para cristales ópticos (no usar limpiacristales caseros de ventanas). La técnica de limpieza es sencilla. Primero soplar y quitar partículas, después limpiar con el paño humedecido haciendo giros espirales de dentro hacia afuera. Es muy importante no echar el líquido limpiador directamente sobre la lente sino sobre el paño. Aquí podéis ver un kit económico.


Cepillos retráctiles
. Hay en el mercado un instrumento limpiador con aspecto de bolígrafo que es en realidad un cepillo retráctil en una de sus puntas y, en la otra, un limpiador circular aterciopelado que se tapa con un capuchón para evitar su deterioro. La manera de usarlo consiste en arrastrar las partículas con la brocha y después pasar circularmente el fieltro aterciopelado por encima de la lente. Es muy importante tener en cuenta que este instrumento está pensado para lentes pequeñas tipo objetivo de compactas o lentes muy poco luminosoas, ya que el reducido diámetro del terciopelo no resultaría efectivo para la amplia lente de un tele o de un objetivo f 2.8 por ejemplo. Pulsa aquí si quieres ver precios.

 

Soplador. Su nombre lo dice todo sirve para proyectar un flujo de aire sobre el cristal y arrastrar con él las partículas livianas y sueltas de polvo, arenilla o cualquier otro sólido que pudiera estar en la lente. Este instrumento sí sirve para la limpieza preliminar del sensor. El soplador es inocuo a diferencia del aire soplado desde nuestra boca o del aire comprimido que puede “escupir” y deteriorar la lente y más el sensor. Aquí se pueden ver varios modelos de distintos precios.

 

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2 respuestas a este post
  1. No sabía lo del aliento, no tenía idea de que había nada ácido en el aliento. A parte de los papeles para limpiar, para mí lo mejor es la pera, especialmente la de la foto tiene un filtro para que el aire que sale de ella esté limpio.

    Saludos.

  2. Bueno, si a veces la acidez de estómago te revuelve hasta las tripas (perdón por la expresión) es lógico pensar que el aliento no es sólo esencia de ángeles….

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