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Investigadores de la Universidad de Stanford han creado Frankencamera , una cámara digital controlada mediante un software open source, para el que cualquier programador del mundo podrá crear algoritmos que amplíen sus funciones.

El proyecto ‘Camera 2.0’ corre actualmente sobre un prototipo tan feo y desproporcionado que recibe el nombre de Frankencamera en honor al feísimo Frankenstein. Pese a ello, la idea de que la comunidad internacional de científicos y programadores pueda desarrollar software libre para cámaras digitales no deja de tener un gran atractivo ya que podría ayudar a acelerar la aparición de nuevas funciones aplicables a las cámara comerciales.

Una vez que el proyecto tenga velocidad de crucero, la gran incógnita a despejar será cómo reaccionarán los grandes fabricantes de cámaras, si de una forma defensiva o bien tendrán el reflejo de aprovechar la corriente colaborativa y abrirán su hardware para que pueda implementar “adds on” diseñados por los usuarios.

De momento, el proyecto de los investigadores es ofrecer un hardware totalmente programable. La cámara está montada en una plataforma de código libre (Linux), incluso el procesador digital de señales, el corazón de la cámara, es accesible. Está conectada a internet, e incorpora lentes y sensores de la mejor calidad. Está pensada para conseguir una cámara del máximo nivel al mínimo coste, y hacerla accesible al colectivo de investigadores de fotografía computacional lo cual dotará a los científicos de los medios necesarios para desarrollar sus experimentos de fotografía computacional fuera de los laboratorios. Esto podría repercutir en un desarrollo acelerado de las tecnologías asociadas a la imagen.

El proyecto ‘Camera 2.0’, que es su nombre formal, empezó siendo un proyecto colaborativo entre el Stanford Computer Graphics Laboratory (Laboratorio de Gráficos por Computador de Stanford) y el Nokia Research Center Palo Alto Laboratory (Laboratorio de Investigación Nokia en Palo Alto). Ahora también recibe el apoyo de Adobe Systems, Kodak, Hewlett-Packard, y la Walt Disney Company. Tal es su proyección.

De momento, y a pesar de tener un nombre ‘oficial’, la cámara que está construida con trozos de carcasa desechados de otras cámaras y que tiene un aspecto más bien poco ortodoxo, ha sido bautizada cariñosamente como ‘Frankencamera’ por su parecido con el monstruo de Frankenstein. Evidentemente se trata sólo de la fase de pruebas. Hasta que no se tenga la base física de la cámara completa no se diseñará la carcasa definitiva.

“Algunas cámaras permiten comunicarse con un ordenador mediante USB y decirle que ponga la exposición en tal valor, o la velocidad de obturación en tal otro valor, y tomar la fotografía, pero eso no es de lo que estamos hablando,” dice Marc Levoy, profesor responsable del proyecto. “De lo que estamos hablando es de decirle qué hacer en el siguiente microsegundo en un algoritmo de metraje o en un algoritmo de autoenfoque, o decirle que dispare el flash, que enfoque un poco diferente y que vuelva a disparar el flash… cosas que no puedes programar en cámaras comerciales.”

Los investigadores han ideado varios algoritmos que podrán experimentar en la Frankencamera y que hasta ahora sólo era posible aplicar en ordenadores. Uno consiste en incorporar la capacidad de manejar distintos niveles de iluminación en la misma imagen. Esto se consigue haciendo varias fotografías de la misma escena con diferentes exposiciones, para combinarlas después haciendo que cada píxel tenga el nivel de exposición óptimo. Otro consiste en conseguir vídeo de mayor calidad incorporando información de fotos de alta resolución que se van tomando a intervalos regulares mientras se graba el vídeo. Otra idea es que la cámara consiga información de la escena a través de internet, sugiriendo entonces los parámetros adecuados para conseguir los mejores resultados.

Pero la fuerza de este proyecto no es otra que dar el control a los usuarios, poner a su alcance las posibilidades que la máquina les ofrece, para que ellos las multipliquen con nuevas ideas y aportaciones personales. El equipo de Levoy espera que surjan comunidades de usuarios de esta cámara (y sus descendientes) y que den vida al proyecto aportando ideas que los científicos nunca habrían imaginado.

Los componentes del equipo de desarrollo esperan tener una cámara comercializable en un plazo aproximado de un año. Ya veremos si se cumplen los plazos… y los pronósticos.

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