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Estar a la sombra de un gran nombre casi siempre entraña postergamiento. En fotografía ese es el caso de, por ejemplo Gerda Taro y Robert Capa , pero también el de June Newton, la mujer del genial Helmut.

Sin embargo, la fotografía espontánea, lúcida y profunda de Alice Springs, nombre artístico de June Newton, puede verse ahora apenas terminada la retrospectiva de su marido, Helmut, en una gran exposición en París, ciudad que la vio nacer como fotógrafa y que confirma que la australiana tiene un espacio propio en el oficio.

La Maison Européenne de la Photographie (MEP) acoge hasta el 4 de noviembre una amplia muestra de más de 200 instantáneas procedentes de la Fundación Helmut Newton de Berlín, que recorre desde sus inicios en el mundo de la moda y la publicidad hasta su consagración como retratista.
La aprendiz que se acercó a la fotografía casi por accidente un día de 1970 en el que su marido, aquejado de gripe, la mandó en su lugar a una sesión publicitaria para la marca de cigarrillos Gitane, obtuvo un pase directo a la profesión tras ese primer trabajo.
El resultado gustó tanto que fue contactada casi inmediatamente por el director de una agencia publicitaria, y desde mediados de los setenta esta antigua actriz de teatro recibió numeros encargos para retratar a algunos de los intelectuales y artistas más reconocidos de la escena internacional.
Su trabajo ha sido quizá injustamente ocultado por la celebridad de su marido, pero ante ella desfiló igualmente lo más reconocible de la época: Desde modistos como Jean-Paul Gaultier, Karl Lagerfeld o Gianni Versace, hasta directores de la talla de Billy Wilder y Ridley Scott, y polémicos escritores como Gore Vidal y Anthony Burgess.
“En lo que concierne a sus fotografías, creo que la diferencia fundamental entre ellos es que en Springs existe una empatía que no veo en Newton”, asegura a EFE el director de la MEP, Jean-Luc Monterosso, al concluir que “la lucidez es idéntica en ambos, pero ella no busca la provocación, sino la empatía.”
Pocos fotógrafos, a su juicio, han logrado captar las relaciones entre madre e hijo, dos hermanos o dos amantes como Springs, que según él está dotada con una doble habilidad: La de hacer el retrato y registrar el nexo intangible entre dos seres humanos.
En esa línea se expresaba asimismo a propósito de esta muestra el responsable de la Fundación Helmut Newton, Matthias Harder, para quien en sus fotografías, según explica en el folleto informativo, “reina un sentimiento de familiaridad, (…), las poses rara vez son afectadas” y “los disparos se hacen con simplicidad”.
Y es que Springs (Melbourne, 1923) conjuga en sus instantáneas una rara mezcla de inocencia, desinhibición y profundidad: Los modelos parecen sentirse tan cómodos que dejan traslucir su actitud vital en un solo gesto, mostrando, según Harder, “su singularidad, pero también su vulnerabilidad”.
“Su técnica no es irreprochable. No utiliza ningún truco del oficio porque no conoce ninguno. Nadie duda que existen grandes retratistas cuyo trabajo tiene más peso. Pero ella es única en su género”, llegó a afirmar su célebre marido, haciendo un alarde de equidistancia.
En el blanco y negro elegido para dar forma a su obra, “va más allá de captar la apariencia de sus contemporáneos, célebres o anónimos: ella canaliza su carisma, su aura”, añadía Harder.
Springs, que toma su pseudónimo de una ciudad australiana en un guiño a su procedencia, es maestra, como buena ex actriz, de la interacción entre los personajes de sus fotografías, y consigue recrear la complicidad entre ellos al tiempo que indaga en su individualidad.
Y ante quien crea que su talento se debe en parte a la impronta de su marido, el director prefiere invertir la cuestión y dejarla abierta a la interrogación: “Yo me plantearía más bien cuál es la huella de Springs sobre su trabajo. Porque todos los libros y la mayor parte de sus exposiciones -concluye- fueron concebidos por ella”.
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1 respuesta a este post
  1. Bueno, sin duda entiendo el sentido del artículo, pero no estoy muy de acuerdo con el planteamiento de que Gerda Taro hubiera estado a la “sombra” de Robert Capa. Me parece que es en todo caso la opinión de todos los demás hombres que estuvieron al rededor. Por ahí la historia cuenta que al inicio de sus carreras juntos, firmaban con el pseudónimo de Robert Capa las fotografías tomadas por los dos, simplemente porque la creación del personaje “Robert Capa” les permitiría ganar dinero con sus fotografías. Pero en realidad creo que hay aún muchas dudas de quién tomo qué fotografía, por lo menos en los primeros años, que es cuando se hicieron populares y lograron vender sus imágenes. Cabe mencionar que la creación del nombre “Robert Capa” es de los dos, de Gerda y de él. Luego también ella usaría un pseudónimo, el de Gerta Taro, justamente, viendo el éxito que habían logrado con el “Capa”.
    En el caso de June, ni qué decir… Esa es otra historia.

    ¡Saludos y un abrazo!

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