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Señoritas paseando por la Gran vía, barrenderos regando, limpiabotas, artistas de renombre y ciudadanos desconocidos dan la bienvenida al visitante de la exposición sobre  de Francesc Català-Roca  que, hasta el 25 de septiembre, se ofrece en la Pedrera de Barcelona. Se trata de una muestra que reúne 200 imágenes de las que más de medio centenar son inéditas y describen el estilo de este maestro de documentlistas, uno de los mejores de la España del siglo XX.

Comisariada por Chema Conesa, a partir de una selección original de fotografías de los años cincuenta y sesenta que ya se ha podido ver en Vigo y Valladolid, la muestra se completa en Barcelona con una selección de la obra del artista relacionada con la arquitectura, a la que se dedicó de forma intermitente a lo largo de su carrera.

Conesa ha explicado que ha estado buceando entre los 180.000 negativos que se guardan del fotógrafo catalán y ha acabado escogiendo estas imágenes con “el corazón”, siendo consciente de que “no es la primera exposición que se hace sobre su obra, ni será la última de las muchísimas que se podrían hacer”.

Dividida en seis “secuencias” diferentes, el comisario ha querido que el público que se acerque hasta La Pedrera conozca que para Català-Roca era muy importante su propia mirada a la hora de enfrentarse al objeto fotografiado, así como “no dudar nunca” a la hora de apretar el disparador de la cámara.

También ha resaltado que el artista siempre supo tomar la distancia adecuada para plasmar sus imágenes -ninguna de las personas fotografiadas por él se sintió ofendida ni violentada- y que era consciente de que con su trabajo estaba “construyendo memoria”.

Por otra parte, ha dedicado un importante apartado a una jornada que pasó en Carrascosa del Campo, en la provincia de Cuenca, donde un día de 1954 se celebró una corrida de toros, organizada por Luis Miguel Dominguín, que tenía una finca en la cercanías y quería impresionar a la que después sería su esposa, Lucía Bosé.

Las diferentes fotografías que se presentan de ese día están sin enmarcar y sin vidrio, porque “así es como le gustaban a Català-Roca”.

Conesa ha defendido que a lo largo de su trayectoria fue “un hombre tremendamente práctico, con una fuerte personalidad”, que creía que el arte era “convertir un momento en una imagen potente de la memoria”.

Los años cincuenta y sesenta quedan fijados en sus negativos, donde juega con las sombras, los encuadres, la luz. “Habla -según el comisario Conesa- de una España triste y de penumbra, en plena postguerra”.

Porque Català-Roca, que pudo plantar su cámara ante importantes personalidades del momento, es también quien reflejó la vida de los pueblos de la Castilla interior, con las calles sin asfaltar, o de las plazas de las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, con sus “señoritas” paseando por la Gran Vía, sus marines visitando el barrio chino o sus vendedores de crecepelo en las esquinas.

El recorrido termina con una serie dedicada a la fotografía de arquitectura, con visiones diagonales, picados y contrapicados, especialmente de edificios emblemáticos de la Barcelona de la época, desde el Walden 7, al edificio de viviendas “Casa de los Toros”, y con dos documentales sobre su vida y su obra.

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1 respuesta a este post
  1. Ya hace unos días que ví la información de la exposición, que uniéndolo al post que hiciste sobre “copiar” los histogramas, …..
    Porque hacer estas fotos hace 50-60 años, la verdad, para sacarse el sombrero

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