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Efti está decidida a extender su buena fama como escuela de fotografía, al ámbito de las exposiciones fotográficas y para ello programa una cuidada selección de muestras la última de las cuales recoge retrospectivamente el trabajo de la reportera catalana Colita, un referente de la fotografía española de los años 60o y 70.
La exposición retrospectiva que la sala Efti dedica a Colita muestra un amplio trabajo en el que se puede apreciar que la fotógrafa barcelonesa es mucho más que la gauche divine. “Me han encasillado en dos temas, la gauche divine, que era una broma que cayó en serio, y el flamenco, pero al margen de estos tengo otros muchos trabajos, algunos de los cuales no ha visto nadie porque siempre me piden los mismo, fotografías de los años 60 y 70”, comentó Colita.

La exposición se remonta a sus primeros trabajos y realiza un recorrido por diferentes épocas, aunque Colita no ha querido incluir su obra más reciente en digital, en la que experimenta con “el corta y pega, tipo collage, pero siempre con mis propias fotografías”.

Con esta técnica ha creado un Bestiario que no se exhibe en la exposición porque “se pegaría de bofetadas con mi trabajo anterior”, en opinión de esta fotógrafa accidental a la que sus grandes amigos y maestros Català Roca, Oriol Maspons, Xavier Miserachs y Leopoldo Pomés, le enseñaron a saber mirar.

“¿Hay algo mejor que poder vivir de algo que te gusta, que te resulta fácil y que encima te pagan?”, se pregunta Colita y confiesa que la técnica “me la he pasado por el forro. Me gusta el aquí te pillo, aquí te mato. Se de fotografía lo que hay que saber y si necesito saber algo más, pues me compro un libro”.

Nacida en Barcelona, con 44 años de profesión, más de 40 exposiciones y 30 libros publicados y tras haber fotografiado a personajes influyentes del mundo artístico y cultural, Colita sigue haciendo gala del buen humor y sinceridad que la han caracterizado.

No tiene problemas al afirmar que a Dalí “Le considero un cabrón, un personaje siniestro, franquista baboso, al que me hubiera gustado no fotografiar”; reconoce que ella es “barcelonesa, catalana y española, porque no pienso renunciar a ciudades como Sevilla ni muerta” y critica que Barcelona “en este momento está pasando un bache cultural que en fotografía es terrible. Solo interesa Miró o Tapies y cada cosa que quieres hacer es una batalla en solitario”.

Colita lamenta que estaba previsto organizar en esta ciudad una exposición dedicada a sus retratos. “Era muy buena, pero por cuestión de presupuesto ha sido aplazada sine-die. En Madrid interesa mucho más la fotografía”.

También dice que los “paparazzis” no son fotógrafos “ni son nada. Son una raza de buitres que no tienen nada que ver con la fotografía. Se dedican al despiece y no a la profesión de periodista o fotógrafo. Yo hablo de la profesión en serio”.

Como no podía ser de otra forma, Carmen Amaya, Antonio Gades, Serrat, Orson Welles, Terenci Moix, Alberti, la Chunga, Vargas Llosa o el mismo Dalí, están presentes en la muestra en la que también se exhiben algunos de sus trabajos sobre la tauromaquia, fiesta sobre la que se declara enemiga militante, la ciudad de Barcelona y otras escenas de la vida cultural y social de los sesenta. “Todo este conjunto de papel colgado soy yo y mi circunstancia”.

Especial interés han tenido y tienen en su trayectoria los retratos en los que siempre busca la naturalidad. “En ocasiones he hecho un rollo entero sin película con la intención de que el retratado se relajara. El retrato tiene que ser natural. Estudio al personaje y luego provoco la situación”.

Dice que se ha jubilado, pero tiene su agenda llena de proyectos, “porque el estar jubilada no quiere decir que no haga lo que me da la gana, que es esto ya que no se hacer otra cosa”. Entre estos proyectos figura una biblioteca sobre mujeres fotógrafas hasta la Segunda Guerra Mundial.

Orgullosa de haber llegado a los 68 años “con humor y sin perder interés por las cosas”, confiesa que no le gustan los fotógrafos que van de artistas y se pregunta sobre el hecho de que la fotografía destaque en las ferias de arte y los pintores utilicen este lenguaje como expresión. “¿Será quizá porque la pintura ha llegado a un punto sin retorno?”.

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