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La Sala de San Benito de Valladolid, que tiene una sólida trayectoria de exposiciones fotogáficas,  ofrece hasta el 12 de enero de 2014 dos series inéditas en España del mítico fotógrafo estadounidense Danny Lyon, considerado como uno de los más influyentes y originales fotógrafos documentales del siglo XX. Las series fotografías que se muestran son: The Bikeriders (1962-66), que nos presenta la vida de los moteros del medio oeste americano, y Uptown (1965), que refleja la vida del barrio de inmigrantes en el norte de Chicago.

Danny Lyon destaca por la especial implicación que demostró con las comunidades a las que fotografió en los Estados Unidos. Las obras proceden de la colección Martin Z. Margulies, y se muestran gracias a la colaboración de la Fundación Foto Colectania. Lyon es uno de los principales impulsores del “nuevo documentalismo” y es también uno de los representantes de los denominados “concerned photographers” (fotógrafos comprometidos). Como sucede con Robert Frank o William Klein, sus series y libros, más allá de buscar únicamente el compromiso político, nos muestran que la autoría es más importante que el tema tratado. En el caso de Lyon además, la práctica fotográfica como aprendizaje personal y el deseo de vivir las experiencias al margen de la historia oficial son rasgos que se reflejan en el conjunto de su obra.

DANNY-LYON

The Bikeriders 1963-66

La serie “The Bikeriders” (cuyo libro se publicó en 1967), está basada en la vida de los moteros del medio oeste americano desde 1963 hasta 1967. En estos cuatro años, Lyon fue más allá de la mera documentación y recorrió las carreteras como un miembro más del club de moteros conocido como los Chicago Outlaws con el que compartió su estilo de vida. La serie, que obtuvo una gran popularidad en los años 60 y 70, es “un intento de registrar y glorificar la vida del bikerider americano”, según el propio autor. Como él comenta, “es la interpretación personal de unos motoristas, la mayoría de los cuales conozco y aprecio. Lo que motivó este trabajo, más allá de la observación de un mundo desconocido para nosotros, es lo que yo llamaría el espíritu de los Bikeriders: el espíritu de unas manos que hacen rugir los motores de esas enormes máquinas, conduciéndolas unas veces por circuitos de carreras, mezclándose con el tráfico, y otras sin rumbo fijo”.

Como sucede  con Robert Frank o William Klein, las series y los libros que producen, más allá del compromiso político, nos muestran que la autoría es más importante que el tema tratado. En el caso de Lyon además, la práctica fotográfica como aprendizaje personal y el deseo de vivir las experiencias al margen de la historia oficial son rasgos que se reflejan en el conjunto de su obra. De este modo, lo que reafirmó el deseo de independencia de Lyon no fue solamente la influencia de los libros de Frank, que tanta polémica había suscitado entre la opinión pública americana y en el que se proponía un modelo de sociedad contraria a la observación documental y objetiva. Lyon conocía escritores como Jack Kerouac y Allen Ginsberg y apreciaba sus posturas subjetivas: en este sentido, las vivencias subjetivas habían influido en una generación políticamente despierta pero al mismo tiempo, desilusionada e irascible en lo que se refería a la influencia del individuo en la sociedad. En este contexto, los jóvenes de las motos, -todos ellos representantes de la denominada “subcultura”- fueron para Danny Lyon una forma sencilla de acceder a la vida social que existía fuera de su propio entrono. Lyon se les acercó como el autor para quien el mundo no es únicamente un objeto de sus propias vivencias sino el responsablede darlas a conocer. De hecho, las fotos no tardarían en colgar de las paredes del museo, el último lugar que hubiera podido imaginar.

Hugh Edwards, conservador del Art Institute of Chicago, fue el asesor de este primer proyecto de envergadura. Lyon le llevó las primeras fotos de la serie en la primavera de 1963 y al poco recibe una carta, que según Lyon le cambiaría la vida. Por entonces tenía 21 años y reconoce que solamente con los años entendería su significado. Edwards afirmaba: “ Esta vez has llegado más lejos y estás más presente en el tema, sin interponerte entre éste y  la cámara… Me gusta la fotografía cuando es un medio de presentación y cuando no impone una interpretación”.

De Hugh Edwards  recibiría no sólo el estímulo necesario para llevar a cabo su propia obra sino también la posibilidad de llegar a conocer otras actitudes fotográficas como la de Walker Evans. Afirma Lyon: “Después de lemus now Praise Famous Men de Evans, sencillamente, no se podía continuar como hasta ahora. Sin este libro, The Bikeriders no hubiera sido posible.

Y es que a finales de los sesenta el libro acabó siendo la alternativa a los reportajes fotográficos que aparecían en las revistas y The Bikeriders sería en este sentido uno de los primeros libros de fotografía con pretensión de autor. Cabe destacar la importancia que toman los textos en los libros de Lyon. Las declaraciones de los propios personajes, que en el libro de The Bikeriders aparecerían recogidas al final a partir de grabaciones originales, los considera Lyon como un enriquecimiento definitivo al proyecto, ya que actúan como correctivo del nivel de representación.

La gran calidad de estas fotografías radica justamente en su carácter natural y sin pretensiones, en la renuncia de Lyon a toda dramatización. La subcultura americana que aparece representada no es la de un grupo de “salvajes” sino la de un grupo de individuos que vive situaciones cotidianas y tiene, por tanto, una actuación social. El resultado es la descripción convincente de una situación en la que los personajes no solamente han asumido su papel, sino que llegan a sentirse coautores de las fotografías

Tal y como señaló A.D.Coleman, en 1968 al publicarse el libro: “Harían falta muchos más libros de fotografía como “The Bikeriders” – una mirada intensa hacia un pequeño segmento de nosotros mismos, por parte de alguien que insiste en meterse en la misma piel de lo que está fotografiando y vivirlo a fondo. Esto es fotoperiodismo en su mejor expresión”.

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Uptown

Coincidiendo con el proyecto de The Bikeriders, Danny Lyon realiza en 1965 una serie de fotografías en el barrio Uptown de Chicago. Allí retrata a los inmigrantes recién llegados desde los Apalaches y el sur de América (Kentucky y Tennessee). Como en otros de sus trabajos, la serie de Uptownse caracteriza por la empatía que siente Lyon hacia el tema tratado y los sujetos fotografiados. Lyon escoge una sola calle para trabajar, Clifton Street, y allí entrega pequeñas copias fotográficas a las personas que había fotografiado en las visitas anteriores.

La primera vez que se mostró esta serie fue en una exposición individual que realizó en el Art Institute of Chicago. Allí explicaba que su intención fue dar visibilidad a aquellas personas que nunca la tendrían si no fuera por sus imágenes. En palabras del propio autor: “Congelaren el tiempo algún momento, algún gesto, una cara, para ser observada para siempre o por un tiempo breve por aquellos que nunca la verán si no se les enseña. Las imágenes no se hacen para molestar las conciencias de la gente pero si para alterarla. Las fotos no están pidiendo ayuda para estas personas, sino algo mucho más difícil; ser muy consciente de su existencia, una existencia tan real e importante como la tuya propia”.

Las 24 fotografías que componen este portfolio fueron realizadas con una cámara de medio formato, una Rolleiflex que tomó prestada de su mentor, Hugh Edwards, y que no había utilizado desde finales de los años cincuenta.

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Danny Lyon

Nacido en Brooklyn en 1942, Danny Lyon está considerado uno de los más influyentes y originales fotógrafos documentales del siglo XX. Cineasta además de fotógrafo, fue un pionero del Nuevo Documentalismo al rebelarse contra el estilo propio de la revista LIFE. En este sentido, Lyon se implicó de una manera especial con los sujetos fotografiados, convirtiéndose en una referencia para las futuras generaciones de fotógrafos.

Lyon tuvo el reconocimiento en el mundo de la fotografía a los 27 años. Ya había expuesto en el Art Institute de Chicago, había participado en la mítica exposición colectiva The photographer’seye de 1966 y en 1967 entró en la agencia Magnum, donde estuvo hasta el 1973. Su obra y modo de entender la fotografía se convirtió rápidamente en una referencia para las futuras generaciones de fotógrafos.

Lyon publicó sus primeras fotografías en 1963 para el Comité Estudiantil Contra la Violencia (Student Non-violent Coordinating Committee) en The Movement,  un libro documental sobre el movimiento por los derechos civiles en el Sur. Poco después, Lyon comenzó a crear sus propios libros: el primero fue el de la serie The Bikeriders (1967), que describe la vida de los moteros del medio oeste americano, su siguiente trabajo fue The Destruction of Lower Manhattan (1969), que documenta la demolición a gran escala que tuvo lugar en el barrio durante el 1967, y unos años más tarde Conversations with the Dead(1971), sobre la situación de las prisiones del estado de Texas a finales de los sesenta.

Además de sus fotografías y libros, Danny Lyon también ha estado haciendo películas desde 1969. Recibió la beca Guggenheim de fotografía en 1969 y de cine en 1979. Ha tenido exposiciones en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York; el Instituto de Arte de Chicago y el Museo Whitney de Arte Americano, en Nueva York. Sus películas también forman parte de colecciones de museos muy importantes tanto de EEUU como de Europa y su archivo fílmico se preserva en la George Eastman House de Rochester.  Danny Lyon también es miembro fundador del grupo de fotografía y cine Bleak Beauty. Su libro más reciente es Memories of Myself (Phaidon, 2009), que reúne sus ensayos fotográficos desde hace más de cuatro décadas. Habitualmente exhibe en la galeriaEdwynnHouk de Nueva York y vive en Nuevo México.

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