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Enrique Meneses es el último representante español de una estirpe ya histórica de reporteros que con su cámara plasmaron el violento latir del siglo XX, un siglo lleno de convulsiones, revoluciones y desgracias que un puñado de reporteros vivieron en primera persona, desde Sierra Maestra  hasta las barricadas del 68 pasando por las múltiples guerras que marcaron el mundo con su terrible mordisco.

A sus ochenta años sigue activo y no sólo cuenta sus inquietudes desde su propio blog, sino que además recorres España con exposiciones de sus imágenes. Ahora mismo, su obra ha llegado a Santander, a la Sala Ángel de la Hoz, en la que permanecerá hasta el 26 de enero.

Enrique Meneses (Madrid, 1929), maestro del foto periodismo, ha vivido en Francia, Portugal, Egipto y Estados Unidos y ha viajado por la India, Oriente Próximo, Cuba y África. Llegó muy temprano al convencimiento de que “el mundo era mi casa y sintiéndome en todas partes en mi hogar no veía por qué debía darme escalofríos escuchar un himno o ver ondear una bandera”.

Como buen periodista, ha procurado mantenerse al margen de la política, pero “si ser de izquierdas es preocuparse por los más débiles, dar voz a quienes no la tienen, apoyar a los que padecen las guerras y criticar a quienes las provocan y alientan, soy totalmente de izquierdas (…) y sólo creo en una aristocracia, en la del cerebro y la del corazón y en que ésta sea puesta siempre al servicio de los más necesitados y los débiles”.

Meneses siempre ha colocado entre la cámara y el sujeto la sensibilidad. El respeto. Creó la agencia Fotopress, y más tarde el programa A toda plana, para Televisión Española. Luego formaría parte del equipo Los reporteros. Solitario, muchas veces, y soñador siempre, que es lo que separa a los que viven intensamente de los que pasan sin más por la vida. Fue coetáneo de grandes reporteros como Gordon Turney, Jean Roy, Robert Capa, Cartier-Bresson, Miguel de la Quadra y Cuco Cerecedo.

Su mayor éxito fue la exclusiva mundial tras conseguir retratar y convivir varios meses con los rebeldes Fidel Castro y Ché Guevara, que tantas esperanzas sembraron en Sierra Maestra. Antes de ser expulsado de Cuba pasó por las cárceles de Batista y montó una operación de depurado espionaje para sacar sus películas fotográficas de la isla. Estuvo también presente en la marcha de Washington por el trabajo y la libertad, encabezada por Martin Luther King y su sueño, arrebatado luego por la muerte.

Trabajó para la revista Paris Match, ABC, Blanco y Negro y en Playboy como editor ejecutivo. Perteneció a la etapa del “cazador”, la de los aventureros-periodistas o periodistas-aventureros. Piensa que el periodista es al literato de periódico o revista lo que el cirujano es al boticario. El primero actúa sobre la materia informativa. El segundo calma el dolor o distrae la atención.  Éramos “los ojos y los oídos, la voz y el gesto del mundo”.

Aconseja a las nuevas generaciones de periodistas que no pierdan nunca el entusiasmo, la paciencia, la curiosidad, la humildad y el respeto, porque éstos han sido, son y seguirán siendo la clave de este oficio bello y muy peligroso.

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