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En 2009 el fotoperiodista Gervasio Sánchez recibió el Premio Nacional de Fotografía, aqyer, el ministerio de Cultura inauguraba una exposición antológica que representa una larga travesía de 25 años de trabajo en numerosos escenarios bélicos y posbélicos de América Latina, Europa, Asia y África; lugares que desvelan la crudeza de nuestro tiempo y en los que languidecen, injustamente olvidadas, las víctimas de la barbarie.

La muestra se compone de 148 fotografías a color y en blanco y negro, cerca de 100 retratos y 6 audiovisuales. Los retratos, distribuidos en 8 murales, muestran los rostros de personas directamente afectadas por algunas de las realidades documentadas por Gervasio Sánchez: víctimas de mutilaciones, ex niños-soldado, víctimas de minas antipersona y familiares de personas desaparecidas en diversos países del mundo.

Gervasio en la rueda de prensa de presentación, despue´s de decir que se considera un fotógrafo con suerte porque las balas y las esquirlas siempre han volado en una dirección distinta a la que estaba él, ha querido homenajear a sus compañeros fallecidos mientras ejercían un oficio “tantas veces pisoteado”. Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol Puente, Luis Valtueña, Miguel Gil, Julio Fuentes, José Couso, Julio Anguita y Ricardo Ortega son sólo algunos de los excompañeros y “amigos” nombrados por Gervasio Sánchez en la presentación de la muestra, “la pócima mágica” que -ha dicho- le da fuerzas para seguir trabajando “en un mundo cada vez más injusto”.

La exposición se divide en cinco bloques que se inician en Centroamérica en 1984, dónde aprende a fotografiar sobre el terreno, de forma autodidacta, en escenarios tan convulsos como El Salvador, Nicaragua o Guatemala para pasar después a Chile, Panamá, Perú y Colombia. Las fotografías de esta época, casi siempre en color y muchas veces inéditas, muestran instantáneas cercanas y sobrias, en las que los niños son muchas veces protagonistas involuntarios.

La desintegración de Yugoslavia marca un punto de inflexión decisivo en la trayectoria de Gervasio Sánchez, que con 32 años empieza en 1991 a trabajar en los Balcanes cubriendo la cruel guerra serbo-croata o el sitio de Sarajevo. De allí proceden algunas de sus imágenes en color más icónicas del sometimiento de la población civil, que el fotoperiodista combina hábilmente con el seguimiento de la vida diaria en la retaguardia en blanco y negro.

En 1995, al finalizar la guerra en Bosnia, Sánchez inicia un largo seguimiento de algunos de los protagonistas de sus imágenes de guerra, a muchos de los cuales vuelve a fotografiar en el mismo sitio ya reconstruido o mostrando el efecto de las minas antipersona y desvelando el drama de los desaparecidos.

África centra la tercera parte de la muestra, con un periodo que va desde 1994 a 2004 y en el que el periodista, afincado en Zaragoza desde la década de los ochenta, reconoce haber vivido sus “peores momentos profesionales”, al tener que retratar a miles de niños moribundos por los estragos del cólera en Ruanda, el penoso éxodo de refugiados hacia Congo, la devastadora hambruna en Sudán o las salvajes mutilaciones de Sierra Leona.

El bloque integrado por “Vidas minadas” (1995-2007), realizado íntegramente en blanco y negro, muestra las devastadoras consecuencias de las minas antipersonas, en el que incluye la fotografía más reciente de la muestra: la de la mozambiqueña Sofía Elface Fumo retratada hace tres semanas, a la que Sánchez fotografía en distintos momentos de su vida, desde su infancia rota por una amputación, hasta su madurez con dos hijos.

“Desaparecidos” es el último apartado de la muestra, que abarca desde finales de los noventa al 2010, en el que se pone al espectador ante el drama de los desaparecidos en diez países de tres continentes, incluida España, un país en el que el autor nunca había trabajado anteriormente.

Además, la muestra incluye ocho murales con los retratos de cien personas víctimas de mutilaciones y ex niños soldado, así como siete audiovisuales en los que se muestran fotografías obtenidas a lo largo de 25 años de producción.

En la presentación, Gervasio Sánchez lamentó que muchos periodistas hayan dejado de ser “los vigilantes del poder político y económico para convertirse en sus amigos más privilegiados”, y recordó que España sigue escalando puestos como país productor y exportador de armas.

La muestra, de por sí impactante, gana protagonismo con el lugar elegido para su exposición, las antiguas naves sin restaurar de Tabacalera en Madrid, en las que las dramáticas imágenes de Sánchez cobran fuerza y en las que permanecerán hasta el próximo 10 de junio.

Para cualquier interesado en profuindizar en el contenido de esta exposición, se encuentra accesible online el dossier de prensa con textos y fotos en esta dirección en formato Pdf.

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