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La exposición de Instragrammers Gallery que ofrece el Espacio Fundación Telefónica en Madrid no me parece digna de admiración sino digna de interrogación. Una sala con una consolidada trayectoria que ofrece interesantísimas exposiciones de fotografía, algunas de ellas muy notables, ha cedido su espacio para promocionar una iniciativa comercial que trata de hacer pasar por obras de arte una colección variada de imágenes que no se sostiene en pié como exposición ni por su coherencia de conjunto, ni por su mérito individual ni por su mensaje colectivo. Un solo punto en común, todas las fotos han sido hechas con móviles pero eso también es un mérito dudoso en sí mismo para convertir una imagen en una obra de arte.

La exposición que se anuncia como de 500 obras omite el hecho de que éstas se exponen como si se tratara de un mosaico con unas pegadas a otras por los lados por arriba y por abajo, de cuatro en cuatro en cubos que a su vez se apilan unos sobre otros, sin darle a cada fotografía el espacio para que sea considerada como una obra en sí misma y apreciada como tal. La aglomeración de imágenes es tal que bastan unos 10 metros lineales para exponerlas todas, las 500  (en la foto de cabecera se ve la exposición casi entera) .

Puestos a otorgar méritos hay que reconocer el de los creadores de Instagrammers Gallery que han sido capaces de convencer a la Fundación Telefónica para que apoye su iniciativa comercial y la de su patrocinador Picglaze para acoger “eso” en una sala de prestigio.

Desde luego, la historia del arte está llena de formatos y entre ellos las miniaturas han estado siempre presentes, sin embargo, el hecho de hacer fotografías con un móvil y pasarlas por un programa que aplica efectos predeterminados, no convierte una instantánea en una imagen digna de admiración destinada a los altares expositivos más prestigiosos.

En el siguiente vídeo se puede ver perfectamente el conjunto de la exposición.

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