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Concha Carrón – EFE
Josef Sudek, conocido como “el poeta de Praga”, ofrece con sus fotografías de los años de la postguerra una visión de la capital checa desconocida para sus visitantes actuales, con imágenes intimistas, nocturnas y brumosas de una ciudad sombría pero siempre romántica.

 

El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge hasta mediados de mayo “Una ventana en Praga”, retrospectiva de la obra fotográfica que Sudek realizó en los años cincuenta de su ciudad adoptiva, centrada tanto en sus series urbanas como en la faceta más intimista de su producción.

Josef Sudek nació en 1896 en Kolín, en Bohemia central, aunque a los quince años se instaló en Praga, donde comenzó a interesarse por la fotografía hasta que en 1917 es alistado en el ejército y enviado al frente italiano, donde perdió el brazo derecho por “fuego amigo”, lo que condicionó su fotografía “estática e inmóvil”, según afirmó hoy el comisario de la muestra, Jan Mlcoch, en la presentación.

La exposición recoge sesenta fotografías en blanco y negro de este “paseante de Praga” en las que las vistas monumentales de la ciudad se mezclan con sus panorámicas del río Moldava y sus puentes, con las imágenes nocturnas sólo alumbradas por farolas, la desolación del extrarradio y las edificaciones del nuevo régimen socialista.

De personalidad compleja y difícil, abundan en la muestra las fotografías de Sudek más intimistas y sombrías de una época complicada, en la que la obligada permanencia en el espacio privado le lleva a retratar desde la ventana de su estudio, ubicado junto al río, estampas de detalles nimios, como los manzanos en flor o el rocío de la mañana, que reflejan la sensibilidad del artista.

Juan Manuel Bonet, comisario de la muestra junto con Jan Mlcoch, destacó el romanticismo y el aire melancólico que destila la obra de Sudek de los años cincuenta, en la que aparecen frecuentes motivos de palacios y edificios barrocos decadentes, cementerios y paredes desconchadas.

Buena parte de la obra de Josef Sudek, que murió en septiembre de 1976, se perdió en el incendio de su estudio, aunque su albacea, Anna Fárová, fotógrafa e historiadora del arte experta en su obra, entregó un legado de 21.600 positivos, 54.519 negativos y 618 obras artísticas de varios autores a distintas instituciones y museos de Praga, recuperando también en el año 2000 su estudio y el jardín, convertido actualmente en un museo con la obra del artista.

Juan Manuel Bonet calificó como “un verdadero sueño” haber podido hacer realidad esta exposición de Sudek, a quien calificó como “el cantor de la soledad”, y “el peatón atípico” de Praga, ciudad de donde prácticamente no se movió.

Jan Mlcoch describió a Sudek como “el fotógrafo clave en el arte fotográfico checo” y recordó que no fue hasta los años cuarenta cuando su fotografía adquiere “renombre mundial” con imágenes “que son poemas”.

Con sus fotografías, Sudek brinda al visitante de la muestra la oportunidad de conocer “otra Praga”, en la que aunque la plaza de la Ciudad Vieja, la de Malá Strana, o el Puente Carlos son los mismos, su ambiente decadente le traslada a una época lejana a la bulliciosa y turística capital checa actual. EFE cc/pv

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