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El trabajo de Joan Colom es poco y muy parcialmente conocido; su trabajo comenzó a difundirse sobre todo a partir de la publicación del libro Izas, rabizas y colipoterras (Lumen, 1964). La exposición que ahora se muestra en el Antiguo Edificio del Banco de España en Soria, y que ha realizado ya un largo periplo por España, está concebida para ofrecer  una presentación del conjunto de la primera época de su trabajo, dado que, a diferencia de buena parte de los fotógrafos españoles de su generación, Colom no ha sido objeto todavía de recuperación antológica de manera monográfica y ha permanecido prácticamente desconocido hasta 1999, año en que el MNAC (Museo Nacional de Arte de Catalunya), presentó la exposición La calle. Joan Colom en la Sala Aixelà, 1961, que reconstruía la única exposición que realizó el autor en esa época. Los originales de esta muestra pasaron a formar parte de los fondos del museo.

Colom trabajó en el Barrio Chino de Barcelona entre 1958 y 1961, aproximadamente.

Con este trabajo realizó, en 1960, una primera exposición colectiva en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya y, en 1961, una individual en la sala Aixelà, que después itineró por España. La difusión del trabajo se debe, sobre todo, a la publicación por la editorial Lumen, en 1964, del libro Izas, rabizas y colipoterras, con texto de Camilo José Cela, formando parte de la influyente colección ‘Palabra e imagen’.

Alterado por un cierto escándalo provocado por una de las prostitutas que aparecían en sus fotografías, raíz de la publicación del libro en 1964,  Colom se apartó de la fotografía durante un largo periodo, prácticamente hasta los años ochenta.

La exposición Joan Colom. Fotografías de Barcelona, 1958 – 1964, se articula en tres partes y muestra cómo el trabajo de Colom es decisivo en la configuración de la imagen de la Barcelona contemporánea. Aunque mantiene la centralidad del trabajo de Colom en el Barrio Chino, la exposición también saca a la luz trabajos inéditos del autor, realizados en otras zonas de la ciudad. De este modo la muestra aparece como un poderoso testimonio histórico de la transformación urbana de Barcelona.

La primera parte de la exposición es la principal e incluye una amplia selección de las imágenes del Barrio Chino; la segunda se centra en una serie de fotografías realizada en el antiguo mercado de El Borne; y la tercera es un reportaje de la llegada del Paseo Marítimo a la zona de barracas del Somorrostro en 1964.

En esta primera época del trabajo de Colom, es asimismo fundamental la película de 8 mm que el autor realizó hacia 1960 y que fue descubierta con motivo de la exposición La calle. Joan Colom en la Sala Aixelà, 1961 (MNAC, 1999). Esta película se presenta también en la exposición.

Hacia 1958, Joan Colom (Barcelona, 1921) empezó a tomar fotografías en las calles de Barrio Chino de Barcelona. Aficionado a la fotografía desde un año antes, Colom encontró una manera eficaz de tomar imágenes, clandestinamente, del entorno callejero de los bajos fondos. Colom aprendió a fotografiar intuitivamente, sin mirar por el visor, con la cámara semioculta en la mano y disparando a la altura de la cintura. El resultado son unas imágenes donde se combina el valor testimonial con la modernidad del fotorreportaje vanguardista, como si las técnicas de la observación policial se encontrasen con la agilidad y contundencia gráfica de la época dorada de la fotografía en las páginas impresas de las revistas.

Colom pertenece a una generación de fotográfos españoles que, en la segunda mitad de los años cincuenta, renueva el lenguaje de la fotografía y la incorpora a las tendencias de vanguardia de su momento. Sus referencias son: París (Cartier- Bresson, Brassaï, Man Ray, Doisneau) y Nueva York (Walker Evans, William Klein, Garry Winogrand, Helen Levitt, Robert Frank). Esta generación encuentra, en Barcelona, su mentor más cercano en Català-Roca y sus exponentes más notorios en Miserachs, Maspons y Masats. Este momento y esta generación son cruciales en la configuración de la cultura fotográfica moderna en nuestro país. El gran crítico fotográfico de esta generación, Josep Maria Casademont, se refirió a este momento como la ‘nueva vanguardia’ y corresponde al apogeo de las revistas ilustradas, el último gran momento de hegemonía de la fotografía en los medios de comunicación, antes de la llegada de la televisión.

En este contexto, Colom ha quedado como una figura relativamente secundaria (a diferencia de muchos otros fotógrafos de su generación, Colom no ha sido objeto de recuperación museográfica hasta finales de los noventa). Esta relativa marginalidad se debe sobre todo al largo abandono de la fotografía por parte de Colom a partir de 1964. Pero también se comprende por el talante de Colom y por su no profesionalización como fotógrafo. Pero esa marginalidad no se corresponde ni, por un lado, con la radical modernidad de su lenguaje fotográfico (Casademont dijo de él que era ‘el mejor fotorreportero de todos los tiempos en España’) ni, por otro lado, con la huella profunda que sus imágenes del Barrio Chino han dejado en la historia de la memoria colectiva de Barcelona. Así, vemos que aún hoy el imaginario de la vida urbana en el Barrio Chino barcelonés está enraizado en las imágenes de Colom de 1958-61. Estas imágenes son el documento más intenso del espíritu del barrio y parecen ineludibles en cualquier publicación sobre esta parte de la ciudad, a la que el escritor André-Pieyre de Mandiargues definió, en 1967, como sus ‘partes pudendas’. En estas imágenes la modernidad vanguardista de los años 50 se combina de manera peculiar con la tradición pesimista y el imaginario anti-moderno de la España Negra y, de ahí, resulta un documento singular del clima psicológico y social del franquismo más álgido.

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