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Ya decían los romanos aquello de nihil novum sub sole, nada nuevo bajo el sol, y es que mira que resulta difícil inventar algo. Ahora que el cine y la fotografía 3D comienzan a colarse en los circuitos comerciales y en los aparatos de consumo, resulta aún más interesante visitar la primera exposición que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando dedica a la fotografía, su título es Una imagen de España. Fotógrafos estereoscopistas franceses (1856-1867) y  nos lleva directos a la fotografía 3D, pero la que se hacía en el siglo XIX.

Esta muestra, abierta hasta el 22 de enero y organizada en colaboración con Mapfre, recoge la particular mirada que, gracias al desarrollo de la fotografía estereoscópica, difunden de la España decimonónica tres fotógrafos, Joseph Carpentier, J. Andrieu y Ernest Lamy, y dos editores, Ferrier & Soulier y los hermanos Gaudin.

La muestra reúne 130 piezas, entre libros de viaje e imágenes de reconocidos fotógrafos, documentos sobre fotografía estereoscópica y una magnífica colección de este tipo de fotografías así como las cámaras y visores correspondientes. Como eje central de la exposición se presenta  un panorama del Madrid de mediados del XIX (una vista circular prácticamente completa), elaborado a partir de distintas tomas realizadas desde la antigua torre de la Iglesia de Santa Cruz por Joseph Carpentier.

La exposición se divide en tres ámbitos temáticos que introducen al espectador en el contexto del viaje fotográfico, en los artificios y la explotación de la visión espacial y en la imagen de España difundida a través de la fotografía estereoscópica. Además, se completa con reproducciones ampliadas de las fotografías originales y visores que permiten al espectador experimentar la tercera dimensión en fotografía.

Con la llegada de la fotografía, los experimentos para obtener la sensación de relieve en la observación de imágenes encontraron el medio más adecuado. Durante la exposición universal de Londres de 1851 la reina Victoria mostró su fascinación por un visor estereoscópico y, a partir de ahí, el éxito comercial del nuevo invento traspasó rápidamente las fronteras. Además, esta nueva manera de observar imágenes se adaptaba especialmente a la visión del paisaje y de las ciudades, en un momento en que la literatura de viajes vivía su máximo esplendor y España se consideraba un destino ineludible.

Cuando la estereoscopia se incorpora a esta literatura, profundiza en una senda que ya había sido abierta. La novedad, más allá de la temática, radicaba en la mayor amplitud con la que se abordaba el tratamiento gráfico sobre el país por parte de los editores franceses. La fotografía estereoscópica sobre España fue realizada, fundamentalmente, por profesionales y empresas activas en el mercado parisino, acometiendo expediciones por cuenta propia, encargando colecciones a terceros o adquiriendo imágenes realizadas por fotógrafos “locales” residentes en el país. Entre 1856 y 1858 las expediciones realizadas o promovidas por Carpentier, Gaudin y Ferrier ponen en el mercado más de 500 imágenes de España; ya en la década de los sesenta, una nueva serie promovida por Ferrier y las colecciones de otros fotógrafos y editores, como Lamy y Andrieu, suponen otras 600 vistas adicionales.

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