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Les trois Amis

La galería Oliva Arauna de Madrid presenta con el sello de PhotoEspaña 09 una exposición de retratos en blanco y negro del interesante fotógrafo de Mali Malick Sidibé, cuya obra se expone por primera vez en España y da la oportunidad de hacer una acercamiento, en cierto modo sorprendente, a la fotografía social de los 60 y 70 en la ex colonia francesa.

“En los años setenta los europeos creían que vivíamos desnudos en los árboles. Pero al contrario, estábamos a la moda, como los Occidentales”. Malick Sidibe divertido, habla así de sus retratos. Las fotografías de esta muestra  que nunca han sido expuestas en España y muchas de ellas son inéditas, le dan la razón; realizadas a comienzos de los sesenta y setenta, nos muestran Mali a comienzos de su independencia de Francia, años llenos de esperanza y ganas de vivir. Ahí estaban los jóvenes con las gafas de sol y los pantalones vaqueros de pata de elefante, las chicas con los vistosísimos trajes tradicionales y el bolso en el brazo o incluso con minifalda, las fiestas con el tocadiscos y las canciones de James Brown. Son el retrato de un país capaz de abrirse a la modernidad sin traicionar su propio pasado.

Malick Sidibé entra en contacto con la fotografía en el año 1955, cuando comienza a trabajar en Bamako (la capital de Mali) en el estudio de Gérard Guillat-Guignard, conocido en la ciudad como “Gégé la pelicule”. En 1962 abrirá su negocio en el barrio de Bagadaji y ya no lo dejará. Si el otro grande de la fotografía africana, Seydou Keïta, es famoso por sus retratos en estudio, al principio de su actividad Malick, refleja las noches de Bamako: después de la independencia, la ciudad tiene ganas de celebrarlo.

Malick frecuenta las fiestas de los jóvenes que visten a la manera occidental y bailan. No hay acontecimiento al cual no sea invitado: si no puede asistir se cambia la hora o incluso el día. A mediados de los años setenta decide dejar de fotografiar las fiestas en la ciudad o en la ribera del río y continúa su trabajo en el estudio.

Será de hecho, los retratos en estudio, el corpus más amplio de su archivo: miles y miles de negativos que Malick conserva clasificados en viejas cajas de Kodak. “No me gusta que quien viene a retratarse en mi estudio se quede inmóvil como una momia, como se hacia antes” cuenta Sidibé. Por eso, desde siempre, el mismo Malick indica las posturas. En los años pasados en su estudio aparecieron algunos objetos que ayudaban a recrear su estilo personal: fondos coloreados o pintados según la tradición africana, pero también cigarrillos para prender de los labios como las estrellas de cine, bolsos de mujer, incluso una moto. “Aquel que se va a retratar quiere estar guapo. Es labor del fotógrafo hacer que esto suceda” dice. También, igual por esto, los retratos de Sidibé comunican una gran energía y goce: sus personajes casi siempre sonríen. Porque Malick trabaja para celebrar la belleza y la alegría.

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