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El parís de los años 30 con su cohorte de artistas y su transfondo de vanguardias ha sido una inagotable cantera para fotógrafos y cineastas. La película Midnight Paris de Woody Allen es un buen reciente ejemplo de ello y como lo es también la exposición fotográfica de Michel Sima, La intimidad de los artistas, que se expone en la Sala de Exposiciones de san Benito de Valladolid hasta el 23 de febrero.

Se trata de más de un centenar de imágenes que tienen como protagonistas a los artistas más renombrados de esos años. La cámara de Michel Sima nos permite entrar en el estudio de Picasso, interrumpir a Matisse mientras está con una modelo o ser testigos de una partida de ajedrez entre Marcel Duchamp y Man Ray. En total hay retratos de 45 nombres inscritos en la historia del arte como Giacometti, Braque, Utrillo, Derain, Roualt, Chagall, Picabia, Miró, Calder, Brancusi, Dora Maar, Foujita…

Sima ejecuta esta inapreciable colección de retratos a lo largo de una veintena de años, ya que en 1967 se reencuentra de nuevo con su verdadera pasión, la escultura, que ya no abandonara hasta su muerte.

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Joan Miró

Michel Sima, en realidad Michel Smajewski, quería ser escultor. Por eso se trasladó a París en la década de los veinte para cursar estudios en la academia La Grand Chaumière. Pronto entraría en contacto con todos los artistas que se juntaron en la capital francesa esos años formando parte de la llamada Escuela de París. Fueron tiempos de gran creatividad, los grandes ismos se fraguaron en esa ciudad vibrante y Sima participó en ellos de una manera u otra. La solidaridad que existía antes entre los pintores y escultores que vivían en Montmartre o en Montparnasse era un valor añadido que hizo que esa época fuera aún más fecunda.

A lo largo de su carrera artística Sima trabajó con distintos artistas hasta lograr su propia identidad. Primero junto al escultor Fetu, luego comparte estudio con el pintor Besset y  más tarde, durante un breve periodo, trabaja al lado del escultor rumano  Constantin Brancusi.

Pero su carrera sufrió un parón. Lamentablemente, Sima no pudo escapar al horror del nazismo y  en 1942  fue trasladado a Auschwitz justo cuando realizaba su primera gran exposición junto a Picabia en Cannes. Este hecho marcaría la vida del artista y haría que su salud se volviera muy delicada. Ya en 1945, liberado del campo de concentración, vuelve a Francia y se instala en Marsella. Pero será un año después cuando comience a compartir estudio con Pablo Picasso en Antibes. Esto supuso un punto de inflexión en su carrera ya que empieza a fotografiar a su amigo y compañero en pleno proceso creativo de algunas de las obras más conocidas del malagueño como Joie de vivre. Entonces Sima, alentado por Picasso, se entrega irremediablemente a su labor como fotógrafo, que ya había iniciado en la década de los treinta.

Sima tiene la puerta abierta en los estudios porque él es un artista y entiende a la perfección el espíritu de sus modelos, todos ellos, además,  amigos personales. De esta manera, es capaz de invadir el terreno de sus compañeros e inmortalizarles en momentos únicos.

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Alexander Calder

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