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La Fundación Foto Colectania a,lberga en sus salas de exposición en Barcelona una muestra dedicada a Paco Gómez, autor poco conocido por el público pero que en opinión de la institución tiene una importancia capital en la fotografía española.
Amigo y colega de Cualladó, Ontañón, Cantero, Masats y Rubio Camín, Francisco Gómez (Pamplona 1918 – Madrid V) fue un autodidacta que en 1956 ingresa en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid y en 1957 se asocia con el grupo AFAL de Almería. Aunque él se definía como un amateur, llegó a trabajar profesionalmente para la revista Arquitectura, publicada por el Colegio de Arquitectos de Madrid y a lo largo de su vida participó en numerosas exposiciones colectivas y algunas individuales.
La Fundació Foto Colectania, que desde 2001 custodia su archivo gracias a una donación de sus herederos, le rinde homenaje presentando la primera exposición retrospectiva dedicada a este fotógrafo tras su muerte. Cerca de 75 fotografías originales, avaladas por el propio autor, muestran su particular modo de ver el mundo, alejado del documentalismo imperante en la época. Paco Gómez es un poeta de los muros, los rastros, los espacios desnudos y los pequeños objetos. Su observación  parte de una sensibilidad bien enraizada en la realidad, pero trascendente y cargada de sentido simbólico. “Paco Gómez. Orden y desorden” es una exposición comisariada por Laura Terré,  coproducida con el Ayuntamiento de Pamplona y la Diputación de Huesca y patrocinada por la Fundació Banc Sabadell, y se podrá ver en la sede de la Foto Colectania hasta el 29 de enero de 2011.
“Fue, a mi parecer, el mejor fotógrafo de mi generación. Ni más ni menos”. La frase es de Ramon Masats, pero podría ser de cualquier otro fotógrafo, porque la importancia de Paco Gómez (1918-1998) en la fotografía española de los años 60 y 70 es no sólo innegable, sino también decisiva para entender una nueva manera de trabajar con la imagen. Y es que la sobriedad, la expresividad y la composición de las fotografías de este autor –que siempre se definió a sí mismo como un fotógrafo amateur- dejaron una huella imborrable en la fotografía contemporánea, que veía en sus sutilezas y silencios una clara visión del mundo.
“Paco Gómez. Orden y desorden” es la primera gran retrospectiva dedicada a este fotógrafo tras su muerte, ocurrida en 1998. El objetivo está claro: es una muestra definitiva para el conocimiento y valoración de quien realizó algunas de las imágenes más poéticas de la España de la posguerra. Su comisaria, Laura Terré, lo explica con estas palabras: “Se trata de un autor de gusto ortogonal (…). Se sitúa de frente y equilibra los límites del formato, excluye lo superfluo, busca los ejes que tensen el espacio y dispara”. La sencillez ante todo, pero también el silencio y la austeridad son la base sobre la que trabajó Gómez. De ahí que aparezcan tan a menudo los muros, las medianeras, las fachadas (como en Huellas, 1960, o Cristo, 1959), que entroncan directamente con la pintura matérica de Tàpies, y en los que, cuando aparecen ante ellos ciertos elementos del paisaje, como un vehículo (Tranvía en el paseo de Extremadura, 1959), un graffiti o un personaje (Familia de Turégano, 1959), remitan a la obra de fotógrafos como Aaron Siskind, Brassaï o Paul Strand.
Laura Terré (Vigo, 1959), una de las mayores especialistas en fotografía española de los años 50 y 60 y autora de una tesis doctoral sobre el Grupo Afal – al que estaba asociado Gómez – ha investigado en los fondos del archivo y en otras colecciones para profundizar y desvelarnos la obra de un fotógrafo original y rotundo. Las 75 obras que configuran la exposición incluyen lo que la comisaria denomina “indiscutibles obras maestras” de la trayectoria artística de Gómez entre 1957 y 1995. Son imágenes que fueron expuestas o publicadas en diversos catálogos o revistas, realizadas en blanco y negro y, ya a partir de los años ochenta, en color y que presentan a un artista que destacaba por su particular modo de entender la fotografía, basada en formas y líneas simples y puras.
La exposición toma su título de una fotografía de Paco Gómez en la que retrató dos hojas de papel, una doblada en pliegues rectos y la otra alisada después de haber sido arrugada formando una bola. El fotógrafo tituló a esta imagen “Orden y desorden”: un ejemplo de la simplicidad con que trabajaba y, también, del conceptualismo y abstraccionismo predominante en su obra, en un momento en que lo habitual era la fotografía documentalista. Gómez, sin dejar de retratar la realidad que vivía, la España de los años 60 y 70, ofrecía una visión totalmente alejada de sus coetáneos como Gabriel Cualladó o Ramon Masats, dejando un legado con una impronta genuina y de una gran coherencia tanto temática como formal.

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