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La Fundación Barrié de la Maza ofrece una importante restrospectiva de Paul Strand, uno de los maestros indiscutidos del arte de la Fotografía y un pionero de la “visión directa” superadora de la fotografía pictorialista y, por tanto, iniciadora de un nuevo camino para la fotografía como una forma de arte independiente con su propia sintaxis.

Strand: Wall Street, New York, 1915.

©Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive.

Courtesy of the Philadelphia Museum of Art

La exposición Paul Strand. Retrospectiva 1915-1976, producción propia de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, se ofrece hasta el 11 de enero en la sede de la Fundación en Vigo, después de haber sito colgada en La Coruña. Se trata de la primera retrospectiva en España del fotógrafo norteamericano y reúne fotografías de todos los periodos de la carrera de Paul Strand, con 114 imágenes desde 1915 hasta 1976.

La muestra ha sido organizada por la Fundación en colaboración con la Aperture Foundation –editorial de fotografía, sala de exposiciones y depositaria del Paul Strand Archive, con sede en Nueva York-, y el Philadelphia Museum of Art, prestadores de las 114 imágenes, todas vintage (60 de la Aperture Foundation y 54 del Philadelphia Museum of Art) que integran la exposición.

La exposición se ha organizado en torno a diez secciones, que permiten comprender las etapas artísticas y temáticas de la obra de Strand.

[1915-1920] En el principio fue Manhattan

Es difícil imaginar un lugar del mundo idóneo para dar lugar a la modernidad fotográfica, distinto de Nueva York. A comienzos del siglo XX, la ingeniería naval, de telecomunicaciones y de construcción en altura estaban transformando la isla de Manhattan en el centro financiero del mundo. Y aunque de esa misma nueva tecnología procedía la máquina fotográfica, muy pocos artistas, en los apenas cincuenta años de existencia del medio icónico, habían aceptado las condiciones mecánicas de las que proceden las imágenes fotográficas. Era preciso descubrir la  belleza de la “objetividad” plástica propias de la mecánica y la óptica fotográficas, sin pretender imitar los efectos de la pintura ni los de ningún otro arte ya consagrado. Nueva York era la ciudad del mundo con una cultura tecnológica más avanzada y no era inverosímil que allí fuera descubierta la belleza fotográfica pura. Ese descubrimiento fue obra de un joven neoyorquino llamado Paul Strand.

Las etapas de ese hallazgo quedan ilustradas en la exposición de la Fundación Barrié de la Maza con los capítulos que articulan esta primera sección:

  1. El descubrimiento de la forma fotográfica, realizado por Strand gracias a la presencia de las vanguardias europeas en Nueva York.
  2. La ciudad viva – la actividad de la ciudad.
  3. El factor humano: la “cámara indiscreta” de Strand retrata a los más humildes, pero siempre dignos habitantes de esa ciudad tan agresiva en que se había convertido Nueva York.
  4. La belleza de las máquinas: la máquina fotográfica “retrata” la belleza de las otras máquinas.

[1920-1928] La máquina investiga la Naturaleza

Siempre que puede, Strand abandona la gran urbe para fotografiar “lo contrario” de lo que deja atrás: paisajes vírgenes o apenas tocados por la civilización; primeros planos de objetos naturales: plantas, hojas, piedras; pequeñas poblaciones rurales, donde la vida humana se ha organizado, en contacto con la naturaleza, de un modo muy distinto al propio de la gran ciudad.

[1930-1935] La máquina investiga en la cultura: México

Strand descubre la belleza de los desiertos de Nuevo México e investiga en ellos las condiciones de vida creadas por las tribus indias autóctonas. Tras la ruptura de su primer matrimonio, Strand prolonga en México su investigación fotográfica sobre una cultura ajena a la suya –americana y megaurbana-, con resultados definitivos para su carrera.

[1945-1950] Historia y tradiciones de Norteamérica

Después de casi dos lustros, en los que Strand abandona prácticamente la fotografía para dedicarse al cine documental, su vuelta al trabajo con la cámara le lleva al corazón de las tradiciones de Norteamérica, New England. De su reencuentro con la cámara fotográfica nace su primer gran libro: Time in New England. Cada centímetro de las fotografías de Strand alberga diferenciaciones gráficas, que en su interrelación mutua componen un conjunto trabado y simple.

[1950-1960] Pueblos y culturas europeas: Francia, Italia, Escocia

Instalado en Europa en protesta por el mcCarthysmo, Strand continúa trabajando en nuestro continente. Aquí se encuentra que las heridas de la II Guerra Mundial siguen abiertas en la vida social y en la cultura. El arte retratístico de Strand llega a su madurez.

[1960-1975] Trabajadores de nuestro tiempo

Pieza clave en el desarrollo de todas las culturas que Strand ha investigado, desde su viaje a México hasta los que realiza ahora por Europa y África, son los hombres y las mujeres trabajadores. Una extraordinaria dignidad y una particular belleza física son atributos propios de todos los trabajadores comunes retratados por Strand.

[1965-1975] La democracia a escala global

La cultura de la dignidad humana y del progreso mediante el trabajo no es patrimonio exclusivo de América ni de Occidente. La belleza del hombre y de la mujer “comunes”, saludados por Walt Whitman como la esperanza democrática del futuro, se revela fotográficamente en las investigaciones realizadas por Strand en diversos países musulmanes (Egipto, Marruecos) y en otros estados africanos.

[1965-1975] La máquina y el progreso

La ingeniería que había hecho posible el “milagro” de Nueva York desde finales del siglo anterior, es la que seguirá haciendo progresar a todos los pueblos del mundo. La máquina forma parte inseparable del trabajo sobre la naturaleza y del desarrollo democrático de los pueblos, y queda asociada en la fotografía de Strand a sus nuevos retratos y paisajes.

[1950-1975] Raíces familiares

Junto a los retratos individuales, la relación de hombres y mujeres con sus más próximos ha sido objeto de meticulosa atención por parte de Strand. A la pluralidad de los elementos formales que intervienen en estas composiciones, se suma el afecto particular que revelan las relaciones familiares. De ambos resultan unos retratos colectivos inolvidables.

[1920-1975] La vida infinita en mi jardín

Strand envejece, pero la belleza de la vida a su alrededor nunca se acaba. El viaje iniciado por Strand en las agrestes costas de Maine, en los años veinte, para fotografiar allí flores, arbustos y plantas, promete no tener fin: el universo entero se hace presente en su jardín.

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