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El Museo de la Ciudad de Madrid expone,  hasta el 30 de mayo, más de un millar de imágenes en diferentes formatos del fotoperiodista Diego González Ragel (Jerez de la Frontera 1893-Madrid 1951), cuya obra permanece inédita en un archivo personal conservado por su nieto, Carlos González Ximénez, y que pese a su calidad es muy poco conocido.

Así, la muestra ‘Ragel. Reporter fotógrafo’ reúne clichés de cristal, acetatos y negativos realizados durante 35 años por el gaditano, que trabajó en las principales publicaciones de la época: ‘Mundo Gráfico’, ‘Heraldo Deportivo’, ‘La Esfera’, ‘ABC’, ‘Blanco y Negro’, ‘Revista Cinegética Ilustrada’ o ‘Stadium’, entre otras, así como las extranjeras ‘Sport im Bild’, ‘Le Sport Universel’ y ‘The Ilustrated London News’.

Asimismo, la muestra, comisariada por María Santoyo, presenta objetos, publicaciones, documentos y fotografías originales, con la intención de dar a conocer su obra y conceder cierto protagonismo a quien un amigo definió como “fotógrafo notario de todo, protagonista de nada”.

Ragel destacó ante todo como fotógrafo deportivo, siendo su especialidad la hípica, la caza y el automovilismo, pero también desempeñó cargos oficiales como fotógrafo personal del general republicano José Riquelme y editor de una revista bélica en los años de guerra, y como fotógrafo titular del Banco de España desde 1941 hasta su muerte, en 1951.

Desgraciadamente, el archivo no conserva ninguna imagen de la época de la Guerra Civil, de cuya documentación y fondos tuvo que deshacerse tras la guerra debido a su actividad en el bando republicano.

TEMAS PREDILECTOS

Y es en este período, cuando se produjo el episodio más interesante de la biografía personal de Ragel: su implicación en el asunto del ‘oro de Moscú. En 1936, el fotógrafo recibió el encargo clandestino de fotografiar los documentos que certificaban las operaciones realizadas: cartas comerciales expedidas por el Banco de España en las cuales figuraban las sumas exportadas, sus receptores en el extranjero, y las firmas de los que autorizaron dichos movimientos.

Ragel ocultó los 31 clichés originales en su domicilio, que sufrió seis registros durante la guerra, y pasó una copia a la Embajada Argentina en 1937.

Además, muchas fotografías de Madrid, imágenes que, al margen de algunos encargos comerciales puntuales y de los reportajes oficiales para el Banco de España, están muy vinculadas a su vida cotidiana. Todas ellas reflejan sus paseos habituales, sus barrios predilectos, los alrededores de su domicilio o de su puesto de trabajo.

En suma, la muestra reúne escenas cercanas, con aire amateur. Su interés actual radica precisamente en esa cotidianidad y falta de pretensión, capaz de transmitir las sensaciones de un día cualquiera en el Madrid de entonces.

CAZA Y CARRERAS

Por otra parte, también era un gran aficionado a la caza y asiduo a las monterías celebradas en las fincas de Toledo. Lo fundamental de este hecho es que Ragel siempre llevó su cámara a cuestas, legando uno de los mejores archivos cinegéticos que se conocen. Las series dedicadas a la caza son sin duda lo más destacado de su producción, ya que aúnan su evidente valor documental con una extraordinaria capacidad plástica.

Todos los personajes que participan en las monterías están notablemente retratados: desde los elegantes tiradores de la aristocracia madrileña a los adustos cazadores furtivos, prácticos, loberos y humildes guardeses de las fincas. También se reflejan de forma casi cinematográfica todas las situaciones propias de su actividad: se les ve planeando las batidas, empujando sus coches a través de ríos y lodazales, encamando las piezas a los burros de carga, disparando o posando orgullosos con las presas al término de la jornada.

La especialidad de Ragel en el campo del reportaje estuvo motivada por su afición a los caballos, al automovilismo y la caza. De hecho, uno de sus grandes éxitos profesionales fue precisamente un reportaje realizado en 1927 que ilustraba los descensos de jinetes en los cortados de la Zarzuela.

Estas prácticas, presididas por el rey Alfonso XIII, consistían en unos arriesgados descensos por cortaduras prácticamente verticales cercanas al Monte del Pardo, algunas con desniveles de hasta quince metros. Las dieciséis fotografías tomadas por Ragel ese día son realmente espectaculares. La revista ‘Blanco y Negro’ las reprodujo en mayo de 1928 y el reportaje fue posteriormente adquirido por varias revistas extranjeras.

Son también dignas de mención las diversas fotografías de carreras y saltos de obstáculos tomadas en los años 20 en el antiguo Hipódromo de la Castellana. Por último, hay que reseñar otra de las aficiones de Ragel: el automovilismo, o más bien los coches, en un sentido amplio. Su archivo contiene cientos de imágenes de vehículos de todas las épocas, lo que refleja un interés casi obsesivo por estas máquinas.

INFLUENCIA DE SOROLLA

Diego González Ragel mantuvo con la familia Sorolla una estrecha relación desde muy temprano, siendo amigo íntimo del único hijo varón del pintor, también llamado Joaquín, al que retrató en numerosas ocasiones, desde su juventud hasta la madurez.

Ragel realizó numerosos reportajes relacionados con la familia, como por ejemplo, una serie de todas las estancias de la casa familiar donde se pueden contemplar numerosas pinturas, algunas todavía en proceso de ejecución, así como un reportaje familiar en la casa veraniega de Cercedilla donde el pintor se retiró tras sufrir una apoplejía en 1920.

Asimismo, la placa original de un magnífico retrato fotográfico de Joaquín Sorolla, utilizado en portada del diario ‘ABC’ del 12 de agosto de 1923 para anunciar la muerte del pintor, figura en el Archivo Ragel, a pesar de haber sido atribuido a Kaulak.

Sin embargo, Diego González Ragel gustaba también de la compañía de sus muchos amigos, por lo que sus fotografías hablan al espectador de una intensa vida social. Ragel se casó en Madrid con Pilar Mellado. Del matrimonio nacieron seis hijos de los que sólo uno fue varón. Diego, fue su ayudante desde pequeño; se le puede ver en algunas fotografías sosteniendo la tela de fondo para los retratos de estudio o acompañando a su padre en algunos viajes. Gracias a él y sus recuerdos, se ha podido recomponer la historia de Ragel, y se ha podido preservar parte de su trabajo

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