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El DA2 de Salamanca presenta hasta junio la mayor retrospectiva celebrada hasta el momento en Europa del fotógrafo alemán Roland Fischer. Esta exposición reúne cerca de 80 piezas de sus series fotográficas más significativas desde la década de los 80 hasta la actualidad y hace un repaso sintético por la peculiar iconografía que he ha convertido en un autor reconocido.

Desde 1980 Fischer experimenta con retratos de gran formato gracias a los cuales se cuenta entre los pioneros en este campo, en el que han alcanzado la fama artistas como Thomas Ruff, Thomas Struth y Andreas Gursky. Entre las series más importantes de Fischer figuran los retratos realizados en los años ochenta Monjas y monjes, fruto de un trabajo llevado a cabo durante años en monasterios franceses. Esta serie retrata a miembros de la orden cisterciense, cuyos sobrios hábitos, que enmarcan rostros inmóviles y serios, estructuran formalmente la imagen mediante superficies blancas y negras.

Para los retratos que realizó en la década de los noventa en Los Ángeles, Fischer pidió a sus modelos que se metieran en una piscina, cuya superficie lisa y monocroma sumergía sus cuerpos hasta los hombros en un mar de color azul o negro creando imágenes de una serena sensualidad y un atractivo picorialismo.

La serie Retratos colectivos surgió a raíz de un viaje a China y plantea preguntas acerca de la relación entre el individuo y la sociedad. Cada una de las imágenes de gran formato de esta serie presenta cuatrocientas cincuenta fotografías que se reúnen para formar un único retrato colectivo, en el que cada una de las personas representadas está identificada por su nombre. El punto de unión entre esas figuras es su pertenencia a uno de los cuatro grupos poblacionales que, según la concepción que tiene de sí mismo el pueblo chino, constituyen los pilares de su sociedad: los campesinos, los trabajadores de la siderurgia, los estudiantes de una universidad de élite de Pekín y los soldados del Ejército Popular de Liberación.

Un segundo campo temático fundamental en la obra artística de Roland  Fischer es la arquitectura. En el ciclo Fachadas, los protagonistas de sus imágenes son breves y densos fragmentos de los edificios sedes de corporaciones y grandes compañías característicos de la arquitectura contemporánea asiática y norteamericana. Al fragmentarla, Fischer transforma la arquitectura en pintura geométrica, en formas y colores artificiales y de matices tecnológicos remitiendo al urbanismo frío de una sociedad convencional y estereotipada y sin embargo espectacular.

Así, Fischer no solo extrae los edificios de su contexto urbano, sino también de sus relaciones espacio-temporales, para someterlos a un examen formal que se centra en la estructura abstracta de las superficies. En palabras del propio Fischer, lo que menos le interesa “del medio fotográfico es lo ilustrativo, es decir, los elementos documentales, de reportaje.”

En su serie Catedrales, ya de la última década, la transparencia y la espiritualidad de la arquitectura gótica se sugiere a partir de la superposición de superficie exterior y profundidad interna, simultaneando elementos constructivos y ornamentales del edificio en un mismo plano fotográfico que se logra superponiendo mediante técnicas digitales las fachadas frontales de edificios religiosos españoles y franceses sobre sus monumentales interiores.

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