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La Sala Municipal de Exposiciones de San Benito de Valladolid, que nos tiene acostumbrados a una línea de exposiciones fotográficas de gran interés, inaugura el 12 de enero una exposición retrospectiva de los “maestros” de la fotografía Ruth Orkin y Morris Engel, organizada en colabroación con la Howard Greenberg Gallery de Nueva York y Admira de Milán, ciudad que posteriormente presentará la muestra.

Esta exposición, formada por más de medio centenar de obras, llega a Europa por primera vez, pese a la importancia de sus autores. Ruth Orkin y Morris Engel documentaron la vida en la que los cambios en la Historia y en la sociedad se sucedían con un ritmo intenso. Ellos fueron parte integrante de esa época, ella moderna y determinada, él comprometido y audaz. Su novedosa investigación visual rompía los límites del lenguaje y de la emoción, tanto en fotografía como en cine.

A finales de los años ’40 se encontraron con la PhotoLeague, el templo de la fotografía social, el lugar por donde pasaban todos los grandes del momento. En esta Asociación independiente Morris Engel con 18 años, en 1936, aprendió la técnica fotográfica y con el tiempo se convierte en profesor. Ruth Orkin, llegada desde Hollywood, lo conoce mientras daba una conferencia y se queda prendada al instante. Se casaron en 1952, después de años de relación tanto personal como profesional.

Ambos realizaban instantáneas por las calles, recogiendo verdaderas escenas del teatro de la humanidad en el corazón vibrante de Nueva York que ofrecía continuos “espectáculos”. Sólo en los años 70 este tipo de fotografía documental encuentra un puesto digno en la Historia del Arte y del coleccionismo e, inevitablemente, a Orkin y Engel les tienen reservados un puesto de honor.

Ruth Orkin, hija de una actriz de cine mudo, había perseguido las celebridades desde pequeña para conseguir sus autógrafos. Más adelante trabajó en los estudios de la MGM como chica de los recados y, finalmente, descubrirá su pasión inmortalizando con su máquina fotográfica a estos protagonistas. Sus retratos fotográficos de estrellas del espectáculo son testimonios únicos de personajes que revelan también la persona que hay detrás de la máscara pública, porque Orkin sabía indagar con gran desenvoltura el universo más amplio y emocional. La profesión fotográfica dejaba también espacio para la investigación artística, como demuestra la famosa serie de fotografías hechas desde la ventana del apartamento que daba a Central Park, donde vivía con su marido y sus dos hijos.

Morris Engel, alumno del gran Paul Strand – quien lo iniciará en el lenguaje de la imagen en movimiento – construía arquitecturas perfectamente equilibradas con los sujetos que después recogía en la espontaneidad de las escenas de la vida cotidiana. La cuidada organización de los espacios en la composición de la fotografía consigue valorizar la individualidades y a sugerir, al mismo tiempo, las interrrelaciones con los otros sujetos. Esta dinámica se confirma en las panorámicas e color que realizó en los años ’80, cuando retoma la cámara fotográfica después de años de trabajar sólo con la cámara de cine.

Juntos, Ruth Orkin y Morris Engel, jugaron un papel fundamental en el panorama cinematográfico independiente de los años 50 y juntos realizaron el “Pequeño Fugitivo” la primera película americana que no fue grabada en los estudios de Hollywood sino en la calle y con un presupuesto irrisorio, pero que consiguió repercusión internacional, llegando a un gran número de público y logrando premios de gran prestigio. La atrevida elección de utilizar una cámara de 35 mm consiguió lograr tomas frescas y ágiles que inspiraron a nuevas generaciones de directores. Francois Truffaut afirmó que sin esta película la Nouvelle Vague no hubiera existido.

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