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Cristina García Rodero está de nuevo en Madrid, esta vez tras Transtempo , la exposición que acoge hasta el 2 de octubre el Círculo de Bellas Artes. La muestra abarca más de tres décadas de trabajo de la autora en territorio gallego.  En estas fotografías, la artista se centra especialmente en las fiestas populares, en los momentos rituales  que definen un paisaje sociológico muy particular, y muestra la esencia y tradición de la cultura  gallega mediante una visión coherente de su imaginario, de las razones del entendimiento popular para  crear sus ritos.

En el trabajo de Cristina se puede observar cómo la magia surge de lo cotidiano, Galicia se muestra  como punto mágico;  entre lo espiritual y lo pagano, entre lo mítico y lo pragmático, entre lo divino y lo  terrenal. La fotógrafa se mueve en una geografía de los sentimientos, donde se revela el espectro de las  emociones humanas en todo su esplendor. Personajes que, en su universalidad, mantienen un singular  anonimato. Un análisis detallado y alejado de prejuicios hace estallar el cliché en que algunas miradas  superficiales han querido encerrar su obra. Porque,  efectivamente, García Rodero se inscribe en la  tradición de la antropología visual y usa la fotografía como instrumento para documentar rituales  religiosos o folclore, pero nunca persigue lo supuestamente exótico para insertarlo en los circuitos de  consumo de la sociedad del espectáculo. García Rodero se sirve de la fotografía como tecnología  contemporánea para explorar los rincones más recónditos del alma humana y registra situaciones en  que los individuos se producen como sujetos en un salir de sí que desborda las conexiones entre lo  psicológico y lo social.

Miguel von Hafe Pérez, comisario de la muestra, define así el trabajo de Rodero: “Cristina se  mueve en una geografía de los sentimientos, le gusta trabajar en contextos límite, de ahí que las fiestas  sean para ella un tema particularmente requerido. La devoción religiosa va de la mano de muchas de sus  imágenes y en ella se sedimentan gestos, rituales y miradas que tocan la alegría y el más profundo dolor,  presuponiendo momentos trágicos de pérdida, de enfermedad, o de fragilidad absoluta. Sabe que estos  documentos no nos devuelven la realidad. No nos cuentan historias, no son ilustraciones de un relato  particular.  Transtempo es un metarrelato que recorre con precisión interrogativa un determinado  contexto social y geográfico, que lo supera, que lo desborda para regresar siempre a su lugar original. Y  en este camino sorprende el modo en que la memoria se aferra a los detalles aparentemente más  insignificantes para aducir una grieta en su significación literal. Todos ellos han sido captados con una  mirada idiosincrásica que los retira de lo anecdótico para fijarlos como elocuentes paradigmas de una  manera de celebrar la vida. Contra la muerte, o como diría Derrida, a partir de la experiencia de la muerte  posible. Seguramente sea ese el leitmotiv que guía a Cristina García Rodero. Un aprendizaje eterno de la  vida por oposición a nuestra implacable finitud”.  “…Y es en la trama compleja de este presente  perpetuo, de este  transtiempo vivido o reconocido, donde se mueven las obras de Cristina García  Rodero, que nos hablan de aquello que nosotros  conseguimos sentir, oler, respirar: de nuestra  condición humana, de nuestra transitoriedad, de nuestra participación en esta comedia eterna”.

Nacida en Puertollano (Ciudad Real) en 1949,  Cristina García Rodero es, sin duda, un referente  incontestable de la fotografía española contemporánea. En 2009 fue la primera fotógrafa española  admitida como miembro de la prestigiosa agencia Magnum y, a lo largo de su carrera,  ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Fotografía (1996), el Bartolomé Ros de PHotoEspaña  (2000), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2005) y el World Press Photo (1993, 1997 y  2008),  como  reconocimiento a su labor.

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