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El Tenerife Espacio de las Artes (TEA) acoge hasta el 4 de mayo la exposición “Fotografía rusa contemporánea: Tim Parchikov, Ivan Mikhailov, Sergey Shestakov”. Compuesta por un centenar de  obras que son en realidad tres exposiciones individuales aunadas bajo el denominador común de la nacionalidad y la contemporaneidad de los autores que ya han empezado a recoger cierto reconocimiento internacional.

Los tres fotógrafos exploran desde su propia óptica el tema de la memoria: histórica en el caso de Parchikov, genética en Mikhailov y social en Shestakov. Cada uno de ellos estudia el mecanismo de cómo se acumula y transfiere la información, la composición de los artefactos que evocan en el espectador el desencadenamiento de los recuerdos.

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En su proyecto “MagnitogorskTim Parchikov observa la transformación de la ciudad industrial de Magnitogorsk, que fue fundada en 1929 y se convirtió en uno de los primeros proyectos del desarrollo urbano de la época de industrialización de Stalin. El artista se interesa por la arquitectura, la ecología y sobre todo por la gente cuya vida, igual que hace 60 años, depende de un modo u otro del complejo metalúrgico de Magnitogorsk.

A pesar de que Parchikov explora los problemas específicos de una ciudad rusa, el proyecto resulta tipológicamente interesante para todos los países que se enfrentan con el problema de la depresión y el cierre de muchas industrias metalúrgicas las cuales, funcionando aún por inercia, arrastran consigo las vidas de los ciudadanos.

Magnitogorsk es una ciudad que se ha quedado atascada en el tiempo, entre el período soviético y la Rusia moderna. Por un lado, parece que la gente todavía vive en el pasado soviético, pero por el otro la realidad actual muestra las señas de la nueva realidad capitalista que invade la vida ciudadana con sus limusinas y la omnipresente publicidad. La ciudad depende completamente de la fábrica, que sigue en funcionamiento, pero que puede seguir los pasos de las grandes zonas industriales de Europa Occidental y Oriental.

Qué será de Magnitogorsk y de sus habitantes, ésta es la pregunta que formula Tim Parchikov.

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Ivan Mikhailov, por su parte, aborda el tema de la memoria genética, mostrando en sus trabajos tres o cuatro generaciones de mujeres relacionadas familiarmente: madres, abuelas, hijas, nietas. La realidad social cambiante exacerba el contraste entre las generaciones pero, no obstante, los retratos familiares de Ivan Mikhailov muestran cómo la sangre y la familia unen a la gente más que los tiempos y sus atributos sociales.

Sergey Shestakov se dio a conocer por primera vez con su proyecto “Viaje al futuro. Parada № 1”, dedicado a Chernóbil. En 2011, arriesgándose a la exposición a la radiación, Shestakov penetró en la zona de exclusión de Chernóbil, para documentar cómo quedó el lugar tras la terrible catástrofe nuclear, 25 años atrás. Allí, fotografiando en una guardería los libros infantiles reducidos a polvo, encontró un libro de la escritora soviética Zoya Voskresenskaya -que incluía un retrato de Lenin-, llamado “Viaje al Futuro”, que dio nombre a su proyecto.

Shestakov enfoca su atención sobre el tema del legado que nuestra civilización actual dejará a las generaciones futuras. ¿En qué medida el frágil mundo sobre el que creemos reinar, depende de un simple error humano, de la inestable naturaleza, de una catástrofe nuclear o del abandono de los lugares por sus habitantes?

El proyecto “Viaje al futuro. Parada № 2. Gudym” nos muestra los restos de una base militar construida en Chukotka durante la Guerra Fría, en los tiempos de la crisis de los misiles en Cuba y el enfrentamiento activo entre Estados Unidos y la antigua U.R.S.S. Dicha base albergó los misiles soviéticos. Desde el final de los 80 los procesos de desarme, la caída del telón de acero, junto con el colapso de la U.R.S.S. hicieron que la base, que daba trabajo a más de 1000 personas, quedase totalmente abandonada. En sus ruinas, igual que la zona de exclusión de Chernóbil, ahora solo vive una anciana. En la pared de su casa hay un icono hecho de papel, con una nota manuscrita: “Todo saldrá bien, aunque será diferente”.

La exposición plantea preguntas sobre nuestra responsabilidad ante las generaciones futuras, sobre el mundo que les vamos a dejar y sobre la probabilidad de que la ciudad de Magnitogorsk, en caso de que finalmente se cierre la fábrica, en una zona parecida a Gudym.

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