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La Exposiciones de San Benito de Valladolid presenta hasta el 19 de julio, la exposición El Peso de la ciudad. Fotografía latinoamericana en la colección Anna Gamazo de Abelló. Una muestra que reúne algunos de los mejores ejemplos de la fotografía latinoamericana del siglo XX. Nombres como Horacio Coppola, Alberto Korda, Sergio Larrain, Pablo Ortiz Monasterio, entre otros, forman parte de una colección propia que se ha ido desarrollando sobre el terreno: su conservador, el francés Alexis Fabry –también comisario de esta muestra–, ha viajado a los distintos países para conocer de primera mano lo mejor de la fotografía de cada lugar. Es así como, tras siete años, la colección de Anna Gamazo de Abelló es un ejemplo representativo de todos los estilos y técnicas de la fotografía latinoamericana, donde se incluyen las visiones documental y plástica, y en las que los protagonistas son las gentes y su historia.

A través de las 400 imágenes (desde 1895 hasta 2008) de esta colección privada, se observan las influencias que marcaron la obra de los distintos fotógrafos: desde el legado indio de México y Perú recogido en las instantáneas de Martín Chambi, hasta la herencia europea en las fotografías del venezolano Paolo Gasparini, pasando por el modernismo tardío que José Yalenti retrata en São Paulo de los años 40.

EL PESO DE LA CIUDAD

La ciudad ocupa un lugar primordial en la identidad del continente latinoamericano, sobre todo a partir de los años cincuenta cuando se acrecentó la concentración de la población urbana en las grandes metrópolis. La expansión urbana y la consecuente degradación de las condiciones de vida están en el centro de las preocupaciones de numerosos fotógrafos latinoamericanos que denuncian su falta de humanidad y exaltan su belleza.

Esta exposición refleja la diversidad artística y social que existe en Latinoamérica así como las influencias a las que está sometido el continente: las obras de Graciela Iturbide, por ejemplo, recogen el legado indio de México; las fotografías del argentino Horacio Coppola o del venezolano Paolo Gasparini, la influencia europea, y algunas obras del brasileño Miguel Rio Branco, la ascendencia africana.

LA COLECCIÓN DE ANNA GAMAZO DE ABELLÓ

La colección de Anna Gamazo de Abelló reúne algunos de los mejores ejemplos de la fotografía latinoamericana del siglo XX. Nombres como Horacio Coppola, el retratista de Buenos Aires; el cubano Alberto Korda, que saltó a la fama por las fotos del Che; Sergio Larrain, el mejor ejemplo de la fotografía chilena; Geraldo de Barros, representante de la fotografía vanguardista brasileña; y Pablo Ortiz Monasterio, retratista de la marginalidad de México, entre otros, forman parte de una colección propia que se ha ido desarrollando sobre el terreno: su conservador, el francés Alexis Fabry –también comisario de esta muestra–, ha viajado a los distintos países para conocer de primera mano lo mejor de la fotografía de cada lugar. Es así como, tras siete años, la colección de Anna Gamazo de Abelló es un ejemplo representativo de todos los estilos y técnicas de la fotografía latinoamericana, donde se incluyen las visiones documental y plástica, y en las que los protagonistas son las gentes y su historia. La exposición “El peso de la ciudad. Fotografía latinoamericana en la colección Anna Gamazo de Abelló”, que reúne una selección de estas piezas, se abre al público en la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito de Valladolid

La exposición lleva por título “El peso de la ciudad” porque, en todos los casos, la ciudad es su hilo argumental: las fotografías reflejan el cambio social que provocó en varios países latinoamericanos el crecimiento demográfico de las urbes. Lo que en muchos casos era ejemplo de desarrollo, de riqueza, de expansión, de nuevas oportunidades, en otros no era sino reflejo de la pobreza, la densidad demográfica y las diferencias sociales. Las ciudades que aparecen en esta exposición (Buenos Aires, México DF, São Paulo, que superaron con creces los cuatro millones de habitantes a partir de 1970 y que hoy son algunas de las ciudades más pobladas del planeta) fueron, durante los años 50, 60 y 70 del pasado siglo, urbes en constante transformación arquitectónica y urbanística, y para los fotógrafos, sus calles y grandes avenidas eran un material lleno de contrastes.

Uno de los fotógrafos que mejor supo retratar la ciudad latinoamericana fue Horacio Coppola. Nacido en Buenos Aires en 1906, a los 30 años recibió uno de los mayores encargos de su carrera: retratar la ciudad con motivo del 400 aniversario de su fundación. El encargo, directamente de la Municipalidad de la ciudad porteña, permitió a este joven fotógrafo, formado en la Bauhaus, descubrir una ciudad de grandes edificios, donde las luces de neón centelleaban en la avenida Corrientes, una de las más grandes del mundo por aquel entonces.

Varios de los fotógrafos cuya obra se expone en esta muestra formaron parte de la prestigiosa agencia Magnum. Dos ejemplos son Sergio Larrain y Miguel Río Branco. El primero de ellos, nacido en 1931, se compró su primera cámara –una Leica- en Estados Unidos, donde estaba estudiando. A los 20 años, y gracias a un viaje familiar que duró ocho meses, tuvo la oportunidad de descubrir Europa y Oriente Medio y tomar gran cantidad de fotografías del Viejo Mundo. En 1959 conoció a Henri Cartier-Bresson quien, al descubrir su trabajo, le animó a entrar en la agencia Magnum. Colaborador asiduo de revistas como Paris Match, Camera y Photo, Sergio Larrain se hizo célebre por una imagen de dos niñas bajando las escaleras de puerto de Valparaíso, pero también de los niños pobres de Santiago de Chile y de las imágenes que tomó para el libro de Pablo Neruda Una casa en la arena (1966).

Miguel Río Branco (1946), hijo de un diplomático brasileño, estudió fotografía en el Instituto de Fotografía de Nueva York y más tarde cursó diseño industrial en Río de Janeiro. En 1972 realizó una serie sobre la prostitución en Salvador de Bahía que tuvo gran éxito, pero sintió que la fotografía no le permitía expresar todo lo que quería y, de vuelta a Río, empezó a desarrollar collages, proyecciones e instalaciones. Sus imágenes, a veces duras pero no exentas de poesía y de elementos conceptuales, tienen en el claroscuro un importante elemento a destacar. Son célebres sus imágenes de niños bailando capoeira en las calles.

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