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José Antonio Fernández es, además de fotógrafo profesional, un conocido docente que ha impartido docenas de cursos de fotografía y, especialmente, de cursos de utilización del flash de mano.  Toda esa experiencia de enseñanza se ha traducido ahora en un libro Sin miedo al flash (Foto-Ruta) que se presenta mañana día 4 en la fnac de Madrid y que promete convertirse en todo un éxito de ventas entre las publicaciones españolas sobre técnica fotográfica.

La semana que viene haremos una detallada reseña del libro -en cuanto lo terminemos de leer- pero mientras tanto he aquí un breve vídeo en el que el autor, José Antonio Fernández, hace una demostración práctica del uso del flash de mano en una localización.

La presentación del libro en la fnac es un acto de asistencia libre y tendrá lugar a las 19.30 horas en el edificio de la librería en la plaza del Callao de Madrid. En la presentación se realizará una demostración de iluminación de una modelo con flahs de mano y se verán las fotografías mediante proyección simultáneamente durante la toma.

A continuación se puede ver un extracto de un capítulo del libro en el que se narra una sesión en exteriores

 

Una tarde de surf

Las cosas no salen siempre como se planean. Una sesión que se suponía tenía como finalidad un retrato calmado de Iker Sagasti, fantástico surfista, acabó por convertirse en una serie de fotos pasadas por agua en las que todos lo pasamos en grande.

Esperaba conseguir una imagen que reflejase los momentos de meditación de un surfista ante la inmensidad del océano… estaba claro que una idea tan cursi no podía acabar como esperaba. Deseaba tener un atardecer en el que los rayos del sol rozasen el cabello de mi modelo mientras éste observaba el mar con una mirada de paz y respeto. Sin embargo, una gran nube con forma de “déjate de tonterías” se posó en el cielo y me fastidió el plan.

No me di por vencido y llegué a colocar un flash para imitar el efecto del sol; es algo que realizo habitualmente en las sesiones de exterior. Se trata de sacar la pestaña difusora, colocarlo como si de una luz de recorte se tratase (entre la 1H y las 2H) y acercarlo lo suficiente al modelo como para que la luz se introduzca en el objetivo.

Cuando ya me había dado por vencido, decidimos que era hora de hacer un cambio de planes: acercarnos al agua y mojarnos los pies. Le dije a Iker que quería hacerle una foto con el neopreno puesto y más cerca del mar. Justo cuando ya se había colocado el atuendo y estábamos dispuestos a avanzar, un rayo de sol apareció por el cielo. Rápidamente, le situé, una vez más, delante del sol y comencé a disparar utilizando como efecto la luz del sol e iluminando su rostro con una ventana de 60 x 60 cm con la que había estado trabajando.

Pude hacer tres fotografías con esta luz, las revisé en la pantalla y me encantaron. La nube que antes había tomado forma de “déjate de tonterías” debió de ver mi cara de satisfacción porque acto seguido volvió a tapar al sol. Esta vez su mensaje era “¿a que fastidia?”. Consciente de que todas las señales me dirigían al mar, decidí que ya había esperado suficiente.

Situados en la orilla, Arkaitz, haciendo las labores de asistente, sostenía el flash y yo no paraba de decirle que se moviera de un sitio a otro. Ya no podía hacer lo que en un principio había pensado: no por culpa de Iker, que posó estupendamente; tampoco debido a Arkaitz, que hacía todo lo que le pedía sin protestar.

La culpable era aquella nube que se carcajeaba a cada disparo fracasado que yo hacía.

Vamos a hacer otra cosa: envié a Arkaitz a por la ventana (al pobre lo tenía mareado) y coloqué a Iker sobre la tabla con un palmo de agua a surfear. La nube ya no era la única en reír… Barrika es una playa a la que acude mucha gente a practicar este deporte y muchos de los surfistas —algunos amigos de Iker— observaban con placer la ridícula situación. Creo que debe ser algo así como montar a caballo sobre una escoba en un hipódromo lleno de jockeys.

Lo curioso es que las fotos empezaron a salir bien; todo esto, entre risas contagiosas, también por parte de Iker, Arkaitz y Rosa, que documentaba en video toda la jocosa escena. Al final, optamos por otra posición aún más embarazosa: Iker remando en una orilla en la que ni siquiera podía introducir las manos en el agua; chapoteaba como un osito pescando salmones en Alaska.

Intensidad

El sol se ocultaría por detrás de Iker en unos pocos minutos y, aunque yo aún albergaba la esperanza de que apareciese algún rayo entre las nubes, no fue así. Decidí entonces subexponer la luz ambiente lo suficiente como para obtener un cielo algo dramático sin hacer que el resto de la escena quedase muy oscura. Iker recibe algo de la luz del cielo pero no la suficiente como para iluminarle correctamente. Una vez decididos los parámetros (1/200 de segundo, f/5.6 e ISO 200), le pedí a Arkaitz que sostuviera el flash sobre la ventana plegable de 60 x 60 cm en forma de pétalos a un metro de Iker y ajustamos la potencia para esa distancia.

La luz de la ventana no sólo consigue que Iker salga perfectamente expuesto sino que también es capaz de congelar el agua que él mueve con sus brazos al remar o, mejor dicho, al chapotear. Esto ocurre porque el destello del flash es lo suficientemente corto como para congelar el agua. No es necesario emplear una potencia muy baja para que el flash dispare un destello muy corto: la potencia seleccionada en este caso fue de 1/4 y la duración del destello de, aproximadamente, 1/2500 de segundo.

De haber querido realizar esta fotografía congelando con la velocidad de obturación de la cámara, hubiese tenido que subir la sensibilidad —posiblemente entre 1200 y 1600— con el consecuente ruido y hubiese sido muy difícil que el cielo quedase tan dramático.

Calidad

La luz de la ventana es lo suficientemente grande para el modelo como para poder despreocuparme de las sombras, pues son suaves y degradadas y en ningún momento ocultan lo suficiente zonas de su cara como para que se pierda el detalle. Una luz dura, en una situación como esta, me hubiese obligado a estar pendiente del lugar donde estas sombras caían. Esto, muchas veces, no sólo depende de la posición de la luz sino también de la forma en la que el modelo sitúa su cabeza. Con una luz suave, las sombras nunca van a ser un problema.

Cobertura

La ventana genera una dispersión amplia incluso aunque se encuentre a sólo un metro del modelo. Esto permite aprovechar la intensidad (cuanto más cerca, menos potencia es necesaria) y favorece que la luz sea más suave. En realidad, en lo que a cobertura se refiere, lo más importante es la luz ambiente. El hecho de que el cielo estuviese nublado aseguró una mayor dispersión, toda la playa aparece bien iluminada. De haberse dado las circunstancias que yo tanto esperaba, la escena hubiese sido más “a contraluz”. Para que lo entendamos mejor: con el sol frente a nuestra cámara, es muy fácil que la luz no llegue a nuestro sujeto y que éste aparezca como una silueta pero, cuando el cielo está cubierto de nubes, sólo necesitamos un poco de luz de relleno del flash para llegar a una exposición adecuada.

Dirección

La luz que le llega a Iker es casi de 45°: la ventana está tan cerca de él y yo estoy tan cerca de la ventana que es inevitable esta dirección. Genera volumen no sólo en su rostro sino también en cada una de las gotas de agua que salen por el aire y, aunque me hubiese gustado colocar otra unidad perfilando la salpicadura por detrás en uno de los lados de Iker, las circunstancias hicieron que me conformase con una sola luz.

Conclusiones

Una tarde muy movida, variedad de luces y de situaciones pero, como muchas veces ocurre en exteriores, la mejor foto es la más divertida. El control de la situación es lo que marca la diferencia. El flash congela el agua, el ambiente nublado permite un cielo muy interesante, el perder el miedo a que tus pies, la cámara o el flash se mojen hacen que te atrevas con situaciones más sugestivas. Y que tu modelo esté dispuesto a hacer un poquito el ridículo para que tú consigas hacer una foto, no tiene precio. Iker se portó como un santo. Lo cierto es que recordaré con mucho cariño esta sesión.

Para culminar con las fotos, Rosa encontró el lugar donde hace ya mucho tiempo realizó una fotografía con la que obtuvo muchas alegrías y premios. Colocamos a Iker en el encuadre y repetimos una toma muy parecida, a una hora de luz muy similar y con casi las mismas circunstancias. Las formaciones de piedra que asoman en el agua, los flyschs, están cubiertos de unas algas verdes que sólo crecen en verano. El día que Rosa hizo su foto, las algas estaban en las mismas condiciones. Resultó ser un curioso guiño a los años intensos de fotografía de paisaje que Rosa acumula en sus espaldas. ¡Qué gracioso acabar en el mismo lugar en el que una vez estuvimos, tantos años atrás!

 

[Extracto páginas 174-177 del libro “Sin miedo al Flash” de José Antonio Fernández – Colección FotoRuta]

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2 respuestas a este post
  1. Hola me interesa saber que flash usas para lograr las fotos, luz triangular, rebotada e incluso con mas de un flash.
    Gracias muy buenos tus vídeos

  2. Creo que las fotos que ilustran el post permiten ver bastante bien cómo se han situado los flashes. La marca de éstos no tiene importancia, sirve cualquiera porque además están disparando en manual así que no necesitan funciones sofisticadas de TTL

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