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Considero a Sebastiao Salgado uno de los mejores documentalistas de la historia de la fotografía y, sin duda, el mejor entre los que se encuentran en activo. Su obra es singular, pero su vida y su planteamiento como fotógrafo y como hombre lo es también, por eso adentrarse en las páginas de De mi tierra a la Tierra. Sebastiao Salgado. Memorias, la biografía recién editada por La Fábrica, resulta una experiencia altamente satisfactoria y llena de recompensas para cualquier aficionado a la fotografía y, muy especialmente, para quienes se dedican o aman el fotoperiodismo y precisamente ahora que su gran exposición, Génesis, se encuentra en Madrid.

Escrita con la colaboración de la periodista francesa Isabelle Francq, el libro es ameno y fácil de leer. Los sucesivos capítulos dibujan el contexto del personaje, su juventud, su compromiso político que le llevó a la prudente decisión de abandonar Brasil y refugiarse en Francia. Describen el fundamental papel de Lélia Wanick Salgado, su mujer y compañera de todas las fatigas políticas y profesionales, y cuentan con cierto grado de detalle pero sin un afán exhaustivo los distintos proyectos que el fotógrafo fue llevando adelante y con los que construyó su fama y esa obra que se ha visto reproducida en innumerables medios de comunicación y colgada en numerosas galerías y museos.

La evolución que narra en sus memorias deja constancia de decisivas apuestas profesionales como las que le llevan a ir sucesivamente migrando de la agencia Sygma a la Gamma y de ésta a Magnum antes de abandonar esa mítica empresa y fundar la suya propia, Amazonas Images, la única forma de tener el soporte suficiente para llevar a cabo sus proyectos de largo recorrido. No hay que olvidar que el último, Génesis, le ha llevado ocho años completarlo y la realización de viajes a 32 destinos casi inaccesibles, algo que ninguna agencia normal podría haber sufragado.

Libros de fotografía: De-mi-tierra-a-la-Tierra-Sebastiao-Salgado-Memorias-portadaDe mi tierra a la Tierra, nos cuenta que había un Salgado antes del Salgado que conocemos. Uno que trabajaba como reportero y cubría acontecimientos de todo tipo, que fotografió y distribuyó imágenes del atentado contra Ronald Reagan en 1981, que trabajaba en color para revistas internacionales… un reportero de éxito que podía haber seguido una estela de reconocido trabajo profesional y ser uno más, pero que tomó las decisiones precisas para orientar su vida y su carrera a una misión singular.

En sus memorias Salgado cuenta cómo decidió abandonar el color, porque la saturada belleza de los rojos y los azules del Kodachrome anulaban toda la emoción contenida en la fotografía, e insistió en interpretar la vida y el mundo en blanco y negro. Cuenta también cómo no fue hasta 2008 cuando comenzó a capturar sus imágenes sobre soporte digital (una Canon 1Ds Mark III) aunque sólo fuera para producir después un negativo de 10×12 con el que finalmente tira copias argénticas; y cómo valora el laboratorio digital que le permite un “revelado perfecto” cuando antes sólo disponían de unos segundos para realizar los tapados y no era posible en ese tiempo alcanzar la perfección.

Entre medias, a lo largo de los  25 capítulos breves que componen la obra (164 páginas), ofrece anécdotas y detalles de sus viajes, de sus tres grandes series (Éxodos, Trabajadores y Génesis), de la recuperación de la selva amazónica en la antigua granja de su padre, de su mujer, de sus hijos… y de por qué luce su cabeza afeitada cansado de los parásitos que tenía que sufrir en sus largos viajes cuando todavía era un barbudo con el pelo largo.

Creo que para todos los amantes del reporterismo este libro se convierte en una cita tan obligada como el Ligeramente Desenfocado de Robert Capa también presente en la misma colección.

El libro puede adquirirse en este enlace: De mi tierra a la Tierra. Sebastiao Salgado. Memorias.

 

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