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Es berlinesa, tiene una niña muy guapa y debe ser muy lista porque Corinna Gissemann lleva tan solo 6 años dedicada a la fotografía y ha sido capaz de escribir un interesantísimo libro sobre fotografía de alimentos que no tiene desperdicio. Se llama Fotografía foodie, cómo crear imágenes apetitosas y acaba de ser publicado por Anaya Multimedia.

Cuándo de la noche a la mañana la autora decidió dedicarse a la fotografía de stock no se dispersó dedicando su atención a diferentes campos fotográficos sino que decidió centrarse única y exclusivamente en la fotografía de alimentos. Sus imágenes de comida son sencillas y efectivas, bien hechas. Corinna no se complica la vida con complejas iluminaciones ni utiliza cámaras técnicas o una amplia variedad de objetivos, todo lo contrario. En cambio, le dedica especial cuidado a la puesta en escena, el estilismo y el atrezzo de sus pequeños sujetos: tapas, frutas, postres, sopas, platos de comida…

Por lo que he podido ver en el libro, la autora ha tratado de reflejar en él todo lo que ha aprendido a lo largo de estos fructíferos años de dedicación a la fotografía. Lo cuenta de manera directa y efectiva, sin rodeos ni teorías. El libro empieza por hablar en del equipo fotográfico necesario, le dedica también un capítulo a los fundamentos de la fotografía por si alguien no está todavía al tanto de temas como la sensibilidad ISO, el formato RAW, el balance de blancos, la apertura o el tiempo de exposición.

A partir de ahí viene otro apartado dedicado a la iluminación. Son 30 páginas dedicadas a este tema pero hay que decir que todos los esquemas que plantea la autora son sencillos y replicables ya que la fotógrafa utiliza generalmente un solo punto de luz, unas veces luz natural y otras la proveniente de un flash de mano al que aplica diversos modificadores. Nada de lo que la autora explica conlleva medios o localizaciones que no estén al alcance de cualquiera en su propia casa. Si a estos tres primeros capítulos le sumamos uno más dedicado a la edición de imágenes con Lightroom podemos decir que en ellos se  concentran todos los aspectos de técnica fotográfica que la autora incluye en el libro.

Otro apartado importante desarrollado en varios capítulos se centra en consejos sobre la composición de imágenes, el estilismo para los platos de comida y multitud de trucos y consejos útiles para simular la condensación, hacer que la espuma de la cerveza se mantenga, darle consistencia a las sopas para que no se hundan los tropezones, hacer que los platos parezcan más llenos, etc.

Y finalmente hay un tercer bloque de contenidos destinados a fomentar el aprendizaje del lector mediante consejos y ejercicios. Especialmente reseñable me parece el capítulo dedicado a desgranar paso a paso cinco proyectos para fotografiar una ensalada, una sopa, un plato principal, un postre y una bebida. Corinna Gissemann recoge de principio a fin cómo hacer cada una de las  fotografíasque plantea. Lo explica todo, el objetivo  elegido, la  iluminación, la preparación del plato para la foto, la composición… una verdadera masterclass de fotografía de alimentos.

Creo que si alguien está pensando en empezar a dedicarse a la fotografía de alimentos, este libro le va a resultar una ayuda inestimable que sustituirá con ventaja muchas horas de autoaprendizaje y le dará los fundamentos para hacer bien las cosas desde el principio.

El libro puede ser adquirido en este enlace: Fotografía foodie, cómo crear imágenes apetitosas

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