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“La fotografía está en proceso de extinción y le quedan entre 20 y 30 años de vida. la fotografía será sustituida en el futuro por la imagen, un lenguaje al que no le interesa la calidad, el arte ni la memoria”. Estas declaraciones, quizás realistas quizás equivocadas, han sido realizadas por Sebastiao Salgado, uno de los fotógrafos más premiados y reconocidos del mundo, en un acto de homenaje que recibió en Río de Janeiro esta semana.

Salgado se inició en la fotografía relativamente tarde pero a sus 72 años y después de cuatro décadas de ejercicio de la profesión, su obra es brillante y singular. En ella ha retratado a las poblaciones más excluidas y las bellezas más recónditas de los cinco continentes, siempre en blanco y negro. En realidad hubo un Salgado antes del Salgado que conocemos, él mismo lo cuenta maravillosamente en sus memorias. Un fotógrafo que trabajaba como reportero y cubría acontecimientos de todo tipo, que fotografió y distribuyó imágenes del atentado contra Ronald Reagan en 1981, que trabajaba en color para revistas internacionales… un reportero de éxito que podía haber seguido una estela de reconocido trabajo profesional y ser uno más, pero que tomó las decisiones precisas para orientar su vida y su carrera a una misión singular. Ese enamorado del arte fotográfico es el que hace hoy las declaraciones.

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“La fotografía está acabando porque lo que usted ve en Instagram o en el teléfono móvil no es fotografía. Fotografía es un objeto materializado que usted imprime, usted tiene, usted mira. La fotografía es lo que tus padres hicieron cuando eras un niño: revelaron un filme que te hicieron en la esquina; hicieron un álbum y tu fuiste guardando esas fotos. La fotografía es algo intrínseco, que tu tocas. Hoy lo que existe es imagen. La imagen no es fotografía. Cambiamos el concepto de fotografía. Pasamos para otra cosa. Y estamos en un proceso de eliminación de la fotografía”,

“No creo que la fotografía viva más de 20 o 30 años. Vamos a pasar a otra cosa. Fotografía era una memoria, una referencia. Hoy la imagen es un lenguaje. Instagram es otra cosa. Lo que yo hago no es eso. Lo que yo hago es fotografía. Eso es imagen, que es otro concepto”.

En su opinión, las fotos que todo el mundo cuelga en Instagram son generalmente hechas con teléfonos y, aunque algunas veces aparecen fotos interesantes, para hacer una buena fotografía es necesario tener una buena cámara, un objetivo adecuado, saber controlar la luz y no permitir que todo el proceso de captura sea realizado de forma automática.

“No me gusta Instagram. Sé que a los jóvenes les gusta, pero a mí no. Tengo la impresión de que me estoy quitando los pantalones y colocando las nalgas en la ventana. Colocando toda mi vida en algo que todo el mundo ve”.

“No uso Instagram, no uso nada. Sé que hay una cosas en mi nombre por ahí, pero nada es mío. No sé ni encender el ordenador”.

Sin embargo no hay que llamarse a engaño. Salgado no es un inmovilista ni un talibán analógico. Hace años que Salgado dio el salto a la fotografía digital por completo en el proceso de toma, no así en el de positivado de sus obras. Hoy trabaja con modernas cámaras digitales pero que nunca ha trabajado con programas de edición digitales como Photoshop. A partir de las tomas, sus asistentes hacen una hoja de contactos  sobre la que selecciona con una lupa y hace indicaciones. A partir de ahí le producen un negativo analógico con el que se hace la tirada de las copias. 

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Con humor el maestro afirma que “me adapté un poco, así como un dinosaurio se fue adaptando antes de morir, hace 100.000 años, antes de desaparecer. Es eso lo que estoy haciendo”. “En realidad yo solo cambié un soporte plástico, que era el negativo, por un soporte digital, pero el resultado matemáticamente es el mismo. Soy muy feliz con el proceso electrónico porque las cámaras son muy buenas. Tengo una calidad que nunca tuve, la calidad de la imagen es hoy mil veces mejor”.

Quizás para muchos Génesis sea el último proyecto conocido de Sebastiao Salgado, debido a su éxito e itinerancia internacional. Sin embargo, después de esa macroexposición Salgado realizó “Perfume de sueño” (2015), sobre la producción de café en diversos países  y ahora trabaja en un proyecto del que dice ser su mayor sueño: las comunidades indígenas de la Amazonía.

Salgado, que inició este proyecto hace tres años y calcula que puede demorar otros tres, afirmó que su objetivo es presentar el trabajo en universidades y escuelas de todo Brasil para que las nuevas generaciones que van a llegar al poder tengan otra autoestima de su propio origen y aprendan a respetar a los indios.

“Se trata de algo muy rico, porque son comunidades de gran sofisticación, de gran belleza, de gran cultura, que tienen una música fabulosa, conocimiento de la medicina… Algo riquísimo que los brasileños no conocen. Estoy trabajando para ver si consigo mostrar eso con la fotografía pero quiero aliarme con un buen antropólogo para tener buenos textos, buenas informaciones. Ese es el trabajo en el que estoy. Después de eso no sé”, afirmó al rechazar una pronta jubilación.

Las declaraciones de este post se deben al trabajo de Carlos A. Moreno para la agencia EFE.Sebastiao-Salgado-Genesis

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